sábado, 23 de mayo de 2026
Una amistad verdadera
Cómo se siente una amistad recíproca
Una amistad recíproca no te deja adivinando tu valor.
No te hace perseguir migajas disfrazadas de cariño.
No te mantiene confundida entre afecto y conveniencia.
Una amistad recíproca también busca.
También pregunta.
También recuerda.
También sostiene.
No eres siempre tú iniciando conversaciones, salvando silencios o sosteniendo el vínculo con las manos cansadas.
En una amistad genuina, el interés no aparece sólo cuando te necesitan.
Tu existencia no se vuelve invisible cuando ya cumpliste una función emocional.
La reciprocidad se nota en las pequeñas cosas:
en quien te escucha sin competir,
en quien celebra tu alegría sin envidia,
en quien nota tus ausencias,
en quien no usa tu corazón como sala de espera para su soledad.
Una amistad sana no exige acceso ilimitado a tu energía.
Respeta tus límites sin castigarte por tenerlos.
No te hace sentir culpable por descansar.
No convierte tu bondad en obligación permanente.
Las amistades reales no viven sólo de palabras intensas.
Viven de constancia.
De presencia.
De coherencia.
Porque hay personas que saben decir “te quiero”,
pero muy pocas saben cuidar.
Una amistad recíproca no te drena para florecer ella.
No se alimenta de tu capacidad de comprenderlo todo mientras nadie te comprende a ti.
Y cuando estás rota, cansada o en silencio,
no desaparece porque ya no eres útil.
Las personas genuinas no sólo aman la luz que das.
También respetan la persona que eres cuando no tienes nada para ofrecer.
La reciprocidad se siente tranquila.
No tienes que ganártela todo el tiempo.
No tienes que actuar, salvar, demostrar o sobreentregarte para conservarla.
Tu círculo íntimo debe ser un lugar sagrado.
No una fila abierta para cualquiera que quiera beneficiarse de tu ternura.
Porque tu sensibilidad no nació para ser explotada.
Nació para ser compartida con personas capaces de cuidarla también.
Y recordar esto no te vuelve fría.
Te vuelve consciente.
Ya no estás aprendiendo a amar menos.
Estás aprendiendo a elegir mejor a quién le entregas las partes más suaves de tu alma.
Liliana Lizcano.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario