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sábado, 2 de enero de 2021

No seas tú quien apague la luz de otros

 


No seas tú quien apague la luz de otros


   Muchos nos hemos tropezado con comentarios desmotivadores, de criticas, o de juicios hacia algo positivo que quisimos hacer.  Todos en algún momento lo hemos vivido, y es cuando estamos allí que debemos comprender que esa luz que podamos estar proyectando esté molestando a otros, a tal punto que esas personas se han dedicado a tratar de molestarte.  Por desgracia un "Cantas muy mal", "Eso que haces deberías hacerlo de otra manera", "Tú deberías intentar hacer otra cosa porque esa idea que tuviste es fatal", hacen que muchas personas apaguen su pequeña luz.  Trata de no apagar la luz de nadie, si no te gusta alguien te alejas y ya, no tienes que caer en contienda con nadie, hay suficiente espacio en el mundo (y en las redes) para mostrar lo que amas hacer.  Si tú eres alguien que crees que es tu deber andar por la vida señalando a alguien por sus dones y talentos, es mejor que escudriñes en tu corazón en qué cosas eres bueno tú y brilles, nadie tiene tantas sombras como para no dar algo bueno de sí mismo.

   Y a ti que te han lastimado quiero recordarte que puedes enfocar tu energía en las personas que te aman y que siempre han estado allí para ti, que todo es efímero como para darle importancia a gente que trate incomodarte con malas palabras.  Quizás brillas tanto que tu luz les dejó ciegos, quizás eres un amanecer que otras personas necesiten ver, quizás seas un atardecer que lleve quietud a quienes necesitan una palabra de aliento, quizás seas la luciérnaga de una pequeña familia.  Sea como sea, no apagues la luz de otros y brilla con tu propia luz. 

Liliana Lizcano.

viernes, 1 de enero de 2021

Los ladrillos de Daniel

 



Los ladrillos de Daniel


   Hace mucho tiempo, en un pueblo de los Andes, había una familia que tenía tres hijos, el mayor Darío, el segundo Damián, y el tercero, Daniel.  Los tres niños tenían sueños, Darío soñaba con poder ser constructor de puentes, Damián soñaba con construir edificios, y Daniel soñaba con hacer casitas, esto no era más que la motivación de ver a su padre trabajar como albañil, quien con mucho esfuerzo sólo pudo pagarle estudios a Darío, enviándolo a la capital del país.  Damián y Darío tendrían que conformarse con terminar a duras penas la secundaria y trabajar desde muy temprana edad con él para apoyarle ya que cada vez estaba menos fuerte para desempeñar algunos trabajos.

   Darío logró su sueño de convertirse en un buen ingeniero, construyó algunas cosas de mucha importancia para la capital, mientras que Damián lamentablemente enfermó y murió, trayendo un enorme pena y dolor a sus padres, y el pequeño Daniel era un albañil, pero no cualquier albañil, Daniel destinaba un 30% de sus ganancias a llevar ladrillos y cemento para arreglar algunas casitas de las personas del pueblo, esto lo hacía en silencio con sus propios ingresos cada mes. 

   Un día su hermano Darío visitó a sus ancianos padres, para dejarles un cheque, Daniel le pidió ayuda para un proyecto en el pueblito, a lo que su hermano dijo:  "A mí me pagan por mi tiempo, mi tiempo vale oro".  Daniel suspiró y viendo a su hermano dar media vuelta le dijo: ¡Buen viaje!

   Daniel, sentía que ese sueño no podría realizarlo solo, pero en un sueño Dios le habló y le prometió apoyarlo.  Así fue, tres personas del pueblo creyeron en su sueño y en ese pequeño proyecto para restaurar algunas casitas de gente muy pobre y embellecer el parque del pequeño pueblo.  Llevó cada ladrillo, uno a uno los había reunido con mucho esfuerzo y dinero de su bolsillo. Tal vez su nombre no salió en los periódicos, quizás no está en el parque que él restauró para los niños, tampoco quedó escrito en las casas de aquellos ancianos, no hubo filmación alguna para resaltar lo que hizo, pero estoy segura que en el libro de los hechos cada obra (buena o mala) estará ante los ojos del Creador y sonreirá con todo lo que un humilde albañil pudo hacer.

   Y colorín colorado, esta historia ha acabado.


Liliana Lizcano.









viernes, 28 de octubre de 2011

De qué madera estás hecho





“El dolor es como las nubes; cuando estamos dentro de él
sólo vemos gris tedioso y trágico; pero en cuanto se aleja
y lo dora el sol del recuerdo, ya es gloria,
 transfiguración y majestad.
Amado Nervo.



De qué madera estás hecho


   Aquel día me percaté cómo los muchachos en el salón de clase no le hablaban a uno de los chicos, sencillamente, éste siempre estaba solitario, estaba repitiendo 4to año, y en uno de los crueles comentarios oí que en el recreo uno le dijo “Cállate bruto, no hables que tú repetiste y poco debes saber”, ellos no sabían que ese estudiante había repetido porque le había afectado en gran manera el divorcio de sus padres y que muchas veces quiso abandonarlo todo, sin embargo estaba allí en el liceo dispuesto a esforzarse y esta vez pasar ese año escolar, así que decidí entrar a aquella clase contándoles una historia que hace años había leído.

   Aquella tarde empecé a relatarles la historia para hacerles meditar. Cuenta esa historia en la que unos muchachos le preguntaban a su profesor sobre cuál de ellos era el más sobresaliente, menospreciando al compañerito que estaba pasando por un duelo emocional, se sentaba de último y se había convertido en un joven callado, tímido, bastante reservado, pero no había de asistir a la escuela a pesar del dolor de haber quedado huérfano. Entonces el maestro les contó una historia:

- En una pequeña aldea de leñadores había un árbol recio, grande y fuerte. Todo el mundo decía que la calidad de su madera era inmejorable.

   Lo habían preparado durante años para que alcanzara una cierta envergadura. Pronto sacarían de él gran cantidad de madera, que exportarían a otros lugares durante largo tiempo.  Este árbol de excelente calidad iba a ser la fuente de la prosperidad de la aldea durante años.

Un día de tormenta un rayo alcanzó al recio árbol, partiéndolo en dos.

   El impacto hizo saltar una chispa y la madera comenzó rápidamente a arder, consumiéndose en un instante.   Sin embargo, el viejo árbol que había al lado, al cual el pueblo estaba dejando morir -pues la madera no era de calidad- resistió a las llamas sin dificultad"

-¿Cuál creen que era el árbol de mejor calidad?- preguntó el maestro.

   Los jóvenes contestaron inmediatamente:
- El que no se quemó.

   El maestro dijo:
- En verdad, en verdad os digo que se sabe de qué madera está hecho uno cuando el fuego está cerca.- y prosiguió con la clase.

   Luego de narrarles esto la clase quedó en total silencio, algunas miradas estaban caídas, avergonzados quizás por menospreciar a alguien que tenía una historia ruda y estaba allí para esforzarse sin haber abandonado sus estudios. 
                        La profe Lili.


“El dolor tiene un gran poder educativo:
nos hace mejores, más misericordiosos,
nos vuelve hacia nosotros mismos y nos
persuade de que esta vida no es un juego,
sino un deber.”
Cesare Cantú.

domingo, 23 de octubre de 2011

Porque me conociste




"Ninguno tenga en poco tu juventud,
sino sé ejemplo de los creyentes en palabra,
conducta, amor, espíritu, fe y pureza.”
1 Timoteo 4:12.

Porque me conociste


   Corría el invierno del 1999, y allí estaba Jaume Rucabado, oceanógrafo conocidísimo entre los de su gremio, languidecía en el Hospital Oncológico de Barcelona a sus cincuenta y pocos años.

   La Quimio no había conseguido derrotar al cáncer que se había afincado en el páncreas. Directo, sincero, gran trabajador, con gafas desde donde te escudriñaba.  Las enfermeras, acostumbradas a la muerte, ven con gran sorpresa cómo Jaume, desde hace meses, se ha encontrado con Dios en su misma Cruz; no salen de su admiración por aquel hombre que se les iba apagando, mientras les hacía reír con deliciosas y divertidas caricaturas. Una de ellas le pregunta:
        “Jaume, ¿crees que yo iré al cielo?” le dijo mientras le llevaba la comida.     

    Jaume la mira largamente: sabiendo que ella no practicaba la Fe cristiana; se atusa la barba y con una sonrisa le dice:

-Sí: tú irás al cielo
- ¿Cómo puedes decirlo tan seguro? ¿Por qué dices que iré al cielo?
- Mira... porque me has conocido a mí...


   Jaume Rucabado murió el 6 de enero de 1999. Y el día de su entierro, aquella enfermera hizo una breve oración, aceptó a Dios en su corazón, y recibió el premio del cielo de una sincera conversión.

   No era presunción, ni prepotencia de parte de Jaume, lo que pasaba era que él se había dado a Dios; Jesucristo le había aceptado y ahora actuaba a través suyo teniendo la certeza que su ejemplo de vida habría sido suficiente para que aquella enfermera conociera a Jesús.

  Y  tú, ¿podrás responder igual, si alguien te hace la misma pregunta?. No sé tú pero yo quisiera ser recordada como un pedacito de cielo que mis estudiantes encontraron en la tierra, un pedacito de amor y ternura de las manos de Dios a través de mi vida.  Seamos pues el pedacito de cielo para las personas que nos rodean, en cada abrazo, en cada sonrisa, en cada palabra. Con amor,

                                      La profe Lili.


“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis,
no como necios, sino como sabios,
 aprovechando bien el tiempo,
porque los días son malos”
Efesios 5:15,16

 

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