miércoles, 2 de noviembre de 2011

Examen de integridad



“La integridad es hacer lo correcto aunque
nadie nos esté mirando.”
 Jim Stovall


Examen de integridad

   Cuando estaba en la universidad tuve que repetir una materia, no porque no la entendiera, ni porque no estudiara, sino porque debo confesar que en una clase me dio un ataque de risa por culpa de un compañero de estudios que se llamaba José Dávila, traté de controlarme, pero inevitablemente me reía y reía al ver las muecas que ponía mi compañero de clase, entonces la profe pensando que me estaba burlando de ella me sacó de clase, desde ese entonces me fue muy mal con esa profesora, porque en todas las clases la tenía agarrada conmigo me preguntaba todo a mí, en fin, abandoné esa clase y raspé jajajaja, pero bendito sea Dios porque al repetir Gramática II conocí al profesor Juan Manzano, un gran profesor, en fin, tuve que presentar un examen de esos “peluos” como decimos en mi país cuando los exámenes son difíciles, allí estaba yo, en mi pupitre, nerviosa, pero me sentía preparada porque había estudiado mucho.

   Ya van a ver lo que pasó, el profesor Manzano dice:

-         Bueno jóvenes, acá tienen el examen, mientras que ustedes lo resuelven yo me voy a ir a tomar un café, confío en ustedes porque ustedes serán futuros docentes y tienen que tener ética y moral para exigir que sus estudiantes también sean honestos, así que ya vengo.

   Cuando salió, a los 3 minutos uno de los compañeros se levantó a ver si realmente se había ido y dijo:

-         Es verdad muchachos, se fue, va al cafetín. Podemos sacar los apuntes.

   Entonces todos empezaron a sacar sus cuadernos y a preguntarse uno al otro, sólo 5 estudiantes nos quedamos inmóviles, yo dentro de mí dije “Bueno, voy a hacer lo que yo sé, y Manzano tiene razón confía en nosotros, luego ¿con qué moral uno le dirá a sus futuros estudiantes que no se copien?, mejor concéntrate Liliana y ponte a trabajar en los ejercicios que sepas”.  

   Entonces logré terminar casi todo el examen, no estaba segura si lo había hecho bien o no, me sentía tentada a preguntar pero no lo hice, no sólo por lo que había dicho el profesor sino por mis valores cristianos, admito que en 8vo grado de bachillerato intenté copiarme y no me quedaron más ganas luego de pasar una gran vergüenza con mi profesora de Historia, así que para mí era preferible salir aplazada que sentirme avergonzada en una clase con un docente.   Los demás compañeros estaban diciéndose el examen, y poquitos eran los que estaban concentrados en lo suyo sin preguntarle a nadie y sin sacar sus apuntes, de pronto se escuchó una voz fuerte detrás del salón en la parte alta de una de las ventanas:

-         Se acabó el tiempo del examen, cada quien permanezca con su examen mientras llego al salón.

   ¡Era el profesor Juan Manzano que durante todo el examen nos había estado observando!, él le había dado toda la vuelta a la facultad para poder llegar a la parte de atrás y se encaramó en una silla para vernos desde la ventana más alta, estaba escondidito, viendo todo.  Al llegar dijo, ¡Qué vergüenza dan muchos de ustedes! ¿y así quieren ser docentes?, ¿exigir honestidad a sus estudiantes cuando ustedes no lo han sido en un examen?, pueden venir a entregarme el examen, los que coloque a mi mano derecha ya pasaron el examen, los que coloque a mi mano izquierda fueron los que yo vi copiándose y por tanto no pasaron este examen de integridad, de moral, de ética.

   Cada uno empezó a pararse para entregar sus hojas, y a su mano derecha sólo quedaron las cinco hojas de los estudiantes que decidimos hacer el examen por nuestra propia cuenta sin mirar a los lados. A su mano izquierda estaba una gran pila de hojas, aplazados en el examen de integridad.  Seamos hombres y mujeres aprobados en el examen de integridad que la vida nos coloca todos los días.  Con amor,

La profe Lili.

“La honradez es siempre digna de elogio,
aun cuando no reporte utilidad,
ni recompensa, ni provecho.”
Marco Tulio Cicerón.





 

martes, 1 de noviembre de 2011

¿Cómo vemos la vida?




“El optimista es una parte de la respuesta.
El pesimista es siempre una parte del problema.”

¿Cómo vemos la vida?

   En cualquier profesión tenemos satisfacciones, rabietas, frustraciones, y recompensas, el día a día está cargado de sonrisas pero la maleta también incluye lágrimas, todo depende de cómo uno vaya asumiendo cada circunstancia. En las dificultades es mejor tener una actitud positiva y serena para poder tomar decisiones acertadas, además que ser optimistas nos ayuda a ver la vida más bonita, en lo particular agradezco a Dios por alejarme de personas que tenían una gran carga pesimista en cuanto a todo, pues no podían ver NADA bueno en el país, todo estaba mal, y la queja era ya parte de su vida cotidiana, no sé ustedes pero es realmente desagradable escuchar a personas que sólo saben quejarse y quejarse, te inyectan un pesimismo terrible que te llega a contrarrestar el ánimo y las motivaciones, al punto que muchos llegan a ver a su país de origen con rabia y deciden irse de allí culpando a un gobierno, cuando TODOS los que somos habitantes de una nación somos responsables de éste, usted y yo somos la materia prima de nuestro país respectivo, así que no culpe sólo a sus gobernantes. Si tú no eres parte de un cambio positivo para tu país entonces eres parte del problema, pero nada ganarás de brazos cruzados lamentándote de todo.

  Quiero compartirles una vieja historia que comparto con mis muchachos cuando las cosas no están de color de rosa.

   Se cuenta la historia de gemelos idénticos: uno lleno de optimismo que a menudo solía decir: ¡Todo está saliendo color de rosas! y el otro, un pesimista triste y sin esperanza que de continuo esperaba que sucediera lo peor.  Los padres preocupados por los gemelos los trajeron a un psicólogo, con la esperanza de que él pudiera ayudarlos a balancear sus personalidades.

   El psicólogo sugirió que en el próximo cumpleaños de los gemelos, los padres los pusieran en habitaciones separadas para abrir sus regalos.

-         Denle al pesimista los mejores regalos que puedan comprar -les dijo el psicólogo- , y al optimista una caja de estiércol.

   Los padres hicieron como se les dijo.

   Cuando miraron a hurtadillas al gemelo pesimista, lo escucharon quejarse:

-         No me gusta el color de este juguete. ¡Apuesto a que este juego se va a romper! No me gusta jugar a este juego. ¡Conozco a alguien que tiene uno mejor que este!

   Atravesando de puntilla el pasillo, los padres miraron a hurtadillas y vieron a su hijo optimista, que con alegría tiraba al aire el estiércol. Se estaba riendo mientras decía:

-  ¡No pueden engañarme! ¡Donde hay tanto estiércol, tiene que haber un caballo!

   ¿Cómo estas mirando la vida hoy? ¿Cómo un accidente que está esperando por suceder, o una bendición a punto de ser recibida?  La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo. Ellos hacen lo mejor de las cosas.

   Les invito a ver la vida con los lentes del optimismo. La profe Lili.



"No que hable porque tenga escasez,
pues he aprendido a contentarme cualquiera
que sea mi situación. Todo lo puedo en
Cristo que me fortalece."
Filipenses 4:11,13.

lunes, 31 de octubre de 2011

Mi espera


Mi espera
Te extraño...
               Te extraño porque necesito tu mirada
              Y en mis latidos, en mi alma
              cuando la noche calla
             mi ser aguarda...
   Te espero...
              Espero el abrigo de tus brazos,
              la paz que hallo en tu mirar,
             el dulce susurro de tus labios
             cuando percibo que mi nombre dirás...
   Te sueño...                                                                                                                            
             Sueño contigo, caminando a tu lado,
            rompiendo el reloj del tiempo y sin el tiempo
           dejar que Tú seas mi único recuerdo.

                            Y mi muerte será el despertar
                         de la vida terrenal que no volverá,
                             estarás conmigo, estarás allí
                        y no habrá tiempo, no habrá un fin.
Autora: Liliana Lizcano.

(Derechos reservados.  El plagio es un delito, nada cuesta promocionar al autor  que lees. Estos escritos están registrados en el SAPI – Venezuela)

domingo, 30 de octubre de 2011

Dejé de amarte

 

Dejé de amarte

Te deje de amar como cuando deja de llover
y se apaga la luz en un atardecer.
Deje de amarte para convertirte en olvido,
siendo calor te convertiste en frío,
siéndolo todo cuanto quisiste
hoy sólo eres recuerdo triste.
Deje de amarte y parece sorprenderme
que ya nada de lo que digas podrá convencerme.
Eres silencio, eres sombra
no valoraste lo bello,
lo que no se compra.
Deje de amarte para aborrecerte
para saber que jamás volveré a quererte.

Autora:  Liliana Lizcano.

 

 

 

(Derechos reservados.  El plagio es un delito, nada cuesta promocionar al autor  que lees. Estos escritos están registrados en el SAPI – Venezuela)



En un día como hoy 30 de Octubre, un día que inevitablemente me recuerda a ti, coloco este poema que te escribí hace ya dos años..."Sólo conocemos a la persona apropiada cuando dejamos ir a la persona equivocada". Liliana.

sábado, 29 de octubre de 2011

Una mirada



Una mirada

Cierro mis ojos y puedo ver tus pies recorriendo los polvorientos caminos,
Siendo Tú el camino que nuestros pies deben recorrer,
Cierro mis ojos y escucho voces pronunciando tu nombre,
deseando ser llenados con el toque de tu amor...
veo un niño en los brazos de su madre que sonríe al sentir el roce de Tu mano en su cabello.

En tu recorrido veo tus lágrimas y sudor caer al suelo...
Te dolíamos en el corazón,
Por eso quisiste venir...
Mis ojos pueden ver por un instante Tu mirada,
¿quién soy para merecer tu mirada?,
¿quién podría resistir tu mirada sin llorar?.

Autora:  Liliana Lizcano.

(Derechos reservados.  El plagio es un delito, nada cuesta promocionar al autor  que lees. Estos escritos están registrados en el SAPI – Venezuela)

viernes, 28 de octubre de 2011

El día en que Venezuela parió al mejor de los Maestros: Simón Rodríguez.



"No hay interés donde no se estrevé el fin de la acción.
Lo que no se hace sentir no se entiende,
y lo que no se entiende no interesa.
Llamar, captar y fijar la atención,
son las tres partes del arte de enseñar.
Y no todos los maestros sobresalen en las tres"
Simón Rodríguez.


El día en que Venezuela parió al mejor de los Maestros
 

   Un día como hoy 28 de octubre se conmemora el nacimiento de un gran hombre: Simón Rodríguez, es poco lo que se habla de él, la mayoría sólo sabe de él que fue “el maestro del Libertador Simón Bolívar” pero muy poco se habla de la huella que dejó en América, y mucho menos de su proyecto educativo y de sus pensamientos patriotas.  Cuando leí e investigué más de la vida de este ilustre personaje sentí orgullo de haber elegido esta profesión docente  (aún y cuando no es tan bien pagada como debería serla por ser nosotros los encargados de una importante tarea como lo es la formación de nuestros niños, niñas y adolescentes), pensar que quizás en mi salón de clases exista un “Bolívar” que marque positivamente la historia de mi nación me inspira a ser mejor día a día al impartir clases. Bolívar escribió una carta a su maestro y quiero compartirla con ustedes para que sirva de inspiración, y al leerla quiero que piensen si como educadores o padres de familia están formando a sus alumnos o hijos para tener un corazón preparado para la grandeza, para la justicia y para lo hermoso. Que esta carta de nuestro Libertador les sirva de hermosa reflexión (Medite en las letras en negrillas):

CARTA QUE ENVÍA SIMÓN BOLÍVAR A SU MAESTRO DON
SIMÓN RODRÍGUEZ
(19 de enero de 1824)

Al señor don Simón Rodríguez
¡Oh mi maestro! ¡Oh mi amigo! ¡Oh mi Robinson, Ud. en Colombia!
Ud. en Bogotá, y nada me ha dicho, nada me ha escrito. Sin duda es Ud. El hombre más extraordinario del mundo; podría Ud. merecer otros epítetos pero no quiero darlos por no ser descortés al saludar un huésped que viene del Viejo Mundo a visitar el nuevo; sí a visitar su patria que ya no conoce, que tenía olvidada, no en su corazón sino en su memoria. Nadie más que yo sabe lo que Ud. quiere a nuestra adorada Colombia. ¿Se acuerda Ud. Cuando fuimos juntos al Monte Sacro en Roma a jurar sobre aquella tierra santa la libertad de la patria? Ciertamente no habrá Ud. olvidado aquel día de eterna gloria para nosotros; día que anticipó por decirlo así, un juramento profético a la misma esperanza que no debíamos tener.

   Ud. Maestro mío, que tanto debe haberme contemplado de cerca aunque colocado a tan remota distancia. Con qué avidez habrá seguido Ud. mis pasos; estos pasos dirigidos muy anticipadamente por Ud. mismo. Ud. formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Ud. me señaló. Ud. fue mi piloto aunque sentado sobre una de las playas de Europa. No puede Ud. Figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que Ud. me ha dado; no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que Ud. me ha regalado. Siempre presentes a mis ojos intelectuales las he seguido como guías infalibles. En fin, V. ha visto mi conducta; Vmd. Ha visto mis pensamientos escritos, mi alma pintada en el papel, y Vmd. No habrá dejado de decirse: todo esto es mío, yo sembré esta planta, yo la regué, yo la enderecé tierna, ahora robusta. Fuerte y fructífera, he aquí sus frutos; ellos son míos, yo voy a saborearlos en el jardín que planté; voy a gozar de la sombra de sus brazos amigos, porque mi derecho es imprescriptible, privativo a todo. 

    Sí, mi amigo querido, Vmd. está con nosotros; mil veces dichoso el día en que Vmd. pisó las playas de Colombia. Un sabio, un justo más, corona la frente de la erguida cabeza de Colombia. Yo desespero por saber qué designios, qué destino tiene Vmd.; sobre todo mi impaciencia es mortal no pudiendo estrecharle en mis brazos; ya que no puedo yo volar hacia Vmd., hágalo Vmd. hacia mí; no perderá V. nada; contemplará Vmd. Con encanto la inmensa Patria que tiene, labrada en la roca del despotismo por el buril victorioso de los libertadores, de los hermanos de Vmd. No, no se saciará la vista de Vmd. delante de los cuadros, de los colosos, de los tesoros, de los secretos, de los prodigios que encierra y abarca esta sombría Colombia. Venga Vmd. al Chimborazo: profane Vmd. con su planta atrevida la escala de los titanes, la corona de la tierra, la almena inexpugnable del universo nuevo.  Desde tan alto tendrá V. la vista; y al observar el cielo y la tierra, admirando el pasmo de la creación terrena, podrá decir: "dos eternidades nos contemplan: la pasada y la que viene; y este trono de la naturaleza, idéntico a su autor, será tan duradero, indestructible y eterno como el Padre del Universo."

¿Desde dónde, pues, podrá decir Vmd. otro tanto tan erguidamente?
Amigo de la naturaleza, venga Vmd. a preguntarle su edad, su vida y
su esencia primitivas; Vmd. no ha visto en ese mundo caduco más que las reliquias y los desechos de la próvida Madre. Allá está encorvado con el peso de los años, de las enfermedades y del hálito pestífero de los hombres; aquí está doncella, inmaculada, hermosa, adornada por la mano misma del Creador. No, el tacto profano del hombre todavía no ha marchitado sus divinos atractivos, sus gracias maravillosas, sus virtudes intactas.   Amigo, si tan irresistibles atractivos no impulsan a V. a un vuelo rápido hacia mí, ocurriré a un apetito mas fuerte. La amistad invoco.   Presente V. esta carta al Vicepresidente: pídale Vmd. dinero de mi parte, y venga Vmd. a encontrarme.

Pativilca, 19 de enero de 1824
BOLÍVAR.




"El título de maestro no debe darse sino al que sabe enseñar,
esto es al que enseña a aprender; no al que manda aprender
o indica lo que se ha de aprender, ni al que aconseja que se aprenda.
 El maestro que sabe dar las primeras instrucciones,
sigue enseñado virtualmente todo lo que se aprende después,
porque enseñó a aprender"
Simón Rodríguez.

De qué madera estás hecho





“El dolor es como las nubes; cuando estamos dentro de él
sólo vemos gris tedioso y trágico; pero en cuanto se aleja
y lo dora el sol del recuerdo, ya es gloria,
 transfiguración y majestad.
Amado Nervo.



De qué madera estás hecho


   Aquel día me percaté cómo los muchachos en el salón de clase no le hablaban a uno de los chicos, sencillamente, éste siempre estaba solitario, estaba repitiendo 4to año, y en uno de los crueles comentarios oí que en el recreo uno le dijo “Cállate bruto, no hables que tú repetiste y poco debes saber”, ellos no sabían que ese estudiante había repetido porque le había afectado en gran manera el divorcio de sus padres y que muchas veces quiso abandonarlo todo, sin embargo estaba allí en el liceo dispuesto a esforzarse y esta vez pasar ese año escolar, así que decidí entrar a aquella clase contándoles una historia que hace años había leído.

   Aquella tarde empecé a relatarles la historia para hacerles meditar. Cuenta esa historia en la que unos muchachos le preguntaban a su profesor sobre cuál de ellos era el más sobresaliente, menospreciando al compañerito que estaba pasando por un duelo emocional, se sentaba de último y se había convertido en un joven callado, tímido, bastante reservado, pero no había de asistir a la escuela a pesar del dolor de haber quedado huérfano. Entonces el maestro les contó una historia:

- En una pequeña aldea de leñadores había un árbol recio, grande y fuerte. Todo el mundo decía que la calidad de su madera era inmejorable.

   Lo habían preparado durante años para que alcanzara una cierta envergadura. Pronto sacarían de él gran cantidad de madera, que exportarían a otros lugares durante largo tiempo.  Este árbol de excelente calidad iba a ser la fuente de la prosperidad de la aldea durante años.

Un día de tormenta un rayo alcanzó al recio árbol, partiéndolo en dos.

   El impacto hizo saltar una chispa y la madera comenzó rápidamente a arder, consumiéndose en un instante.   Sin embargo, el viejo árbol que había al lado, al cual el pueblo estaba dejando morir -pues la madera no era de calidad- resistió a las llamas sin dificultad"

-¿Cuál creen que era el árbol de mejor calidad?- preguntó el maestro.

   Los jóvenes contestaron inmediatamente:
- El que no se quemó.

   El maestro dijo:
- En verdad, en verdad os digo que se sabe de qué madera está hecho uno cuando el fuego está cerca.- y prosiguió con la clase.

   Luego de narrarles esto la clase quedó en total silencio, algunas miradas estaban caídas, avergonzados quizás por menospreciar a alguien que tenía una historia ruda y estaba allí para esforzarse sin haber abandonado sus estudios. 
                        La profe Lili.


“El dolor tiene un gran poder educativo:
nos hace mejores, más misericordiosos,
nos vuelve hacia nosotros mismos y nos
persuade de que esta vida no es un juego,
sino un deber.”
Cesare Cantú.

 

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