martes, 5 de enero de 2021

El cocinero

El cocinero


   Al llegar a su cocina observó que todo estaba impecable, todo en orden, extremadamente limpio, pero algo capturó su atención, una gran telaraña en el techo, ¿Cómo podía estar todo tan limpio y esa gran telaraña en el techo?, fue y agarró una escoba para quitarla pero el cocinero la detuvo sin mediar palabra, sólo con un gesto sencillo de "No, déjala allí", sonrío y abrió la nevera y le mostró los ingredientes de la preparación del día más su receta especial.  Juntos empezaron a preparar las cosas.  Ella de vez en cuando veía al techo a la araña que seguía en su tejido, dándole algunos retoques.  De pronto tres moscas entraron a la cocina atraídas por el olor de la comida, ella trataba de espantarlas, la fastidiaban a veces, algo que la irritaba, cada vez se desesperaban más por los olores y volaban por toda la cocina.  Al rato notó que las tres moscas dejaron de fastidiarla, que ya no la incomodaban, habían caído en la red de la telaraña.  El cocinero le sonrió, su voz estruendosa se escuchó en todo el restaurante y ella también rio.

   A veces hay cosas que llegan a nuestras vidas, queremos que se alejen, o no sabemos como sacarlas de nuestra vida, de pronto aparece algo tan molesto como una araña con su telaraña, nos molestamos con la araña, sin darnos cuenta que probablemente esa situación o persona, sea el canal que Dios coloca para sacar a las "moscas" de tu vida y así puedas realizar sin problemas algunos proyectos en los que encuentras tropiezo por esas moscas que te incomodan tanto en tu andar.  La próxima vez no te enojes, Dios tiene el control de cada detalle, incluyendo el de las telarañas que parecieran no tener un propósito, guarda la calma y deja que caiga en la red todo aquello que estorbe y sigue trabajando en pro de tus metas y sueños.  

   Y colorín colorado, este cuento ha acabado.


        Escrito por:  Liliana Lizcano.


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lunes, 4 de enero de 2021

Un susurro llamándote

 Un susurro llamándote 


    Ella se levantó al escuchar que alguien la llamó por su nombre: ¡Paulina!, despertó asustada pues vivía sola en su departamento, al ponerse en pie, sintió un dolor de cabeza, tambaleando soñolienta, fue al baño, dio un gran bostezo frente al espejo y vio que su rostro lucía aún con ojeras, como si no hubiese descansado nada, le dolía todo el cuerpo.

- ¡Qué mala noche!, no dormí nada bien. 
Dijo Paulina mientras colocaba crema de dientes en su cepillo dental.

   Mientras se cepillaba y se miraba al espejo, se preguntaba si se atrevería ese día a dar ese enorme paso, ella anhelaba buscarlo, había pensado una y otra vez buscar a su padre, lo había estado buscando desde hace 3 años, ya tenía 28 años, y desde su cumpleaños número 25 había decidido localizarlo y saber la otra parte de su historia.  Al terminar, se duchó, y se vistió.  Fue a la cocina y la ventana estaba abierta, notó que algunas de sus plantas estaban en el piso, y recordó que algo la había despertado, como si una voz le hubiese llamado, así que sintió miedo, tal vez sería un ladrón, pensó, pero al tomar su teléfono para llamar a la policía, notó unas pequeñas huellas, y las siguió, allí estaba mirándola fijamente, un visitante felino, de color gris.

- Miau.

- ¡Casi me matas de un susto!, ¿Qué haces aquí?, no soy buena compañera, estoy sola como ves, así que necesitarás una mejor dueña.  

   De pronto, volvió a escuchar su nombre: ¡Paulina!

   Se asustó, miró hacia todos lados, pero no había nadie.  

- ¡Qué extraño!

   Tomó las llaves de su pequeño automóvil, agarró al gato para llevarlo a algún refugio de animales y se a hacer algunas compras, pues ya no tenía alimentos en su nevera. Agarró un trozo de papel de su mesa, suspiró, y salió. 

   Llegó a una fundación de animales rescatados y tocó varias veces, sin conseguir que nadie abriera la puerta, escuchaba perros ladrar e incluso voces de personas, pero nadie le atendió, así que mirando al gato le dijo:

- Creo que no tendrás más remedio que quedarte conmigo, pero te advierto que nadie me soporta, así que te deseo buena suerte, tal vez te aburras de mí pronto, tendrás techo y comida, pero no esperes caricias, ni expresiones de cariño, esas cursilerías no van conmigo.  Diciendo esto se subió al auto, y condujo a la dirección que tenía de su padre, luego de una enorme búsqueda, luego de muchos mensajes en Facebook, luego de muchas llamadas telefónicas, tenía la dirección de su padre en un papel y decidió ir.  Estacionada en un semáforo en rojo, escuchó que la llamaron nuevamente, bajó la ventanilla de su carro, para ver si el otro conductor era alguien conocido que la había llamado, pero no, el otro conductor ni si quiera la miraba.  Subió la ventana y le dijo al gato:

- He estado escuchando que alguien me llama desde que te conocí hoy en la mañana.

- Miauuu.

   Manejó 2 horas para llegar al destino, la casa lucía un poco abandonada, sucia, con mucha maleza en el jardín, tenía miedo, pero pasó, el timbre no servía, así que llamó a la puerta.  Abrió la puerta un hombre mayor, casi calvo, de barba blanca, con una gran panza, habría podido ponerse un disfraz de Santa Claus y le habría quedado bien el personaje.  Ella lo miró a los ojos, eran sus mismos ojos marrones claros que ella tenía también, detalló esa mirada, hasta que él dijo:

- ¿Qué quiere?

- ¿Es usted el señor Paul Lara?

- Si.

- Yo soy la hija de Andrea Montero.

   El hombre la miró de arriba abajo, con voz ronca dijo:

- Eres idéntica a tu madre.

- Si, tal vez, aunque no tengo sus ojos.

   Y se quedaron mirando como por dos minutos en silencio, mientras que a ella se le empezaban a llenar los ojos de lágrimas, pero Paulina siempre se hizo la fuerte y trataba de contenerse, las retenía.  Él le dijo:

- Pasa Paulina, es mucho lo que tenemos que hablar, es mucho lo que debo explicarte.

   Paulina sentía un nudo en la garganta, pero se llenó de valor y respiró profundo.  En ese instante volvió a escuchar que una voz le gritó: ¡Paulina!

  Ella abrió los ojos y miró hacia atrás, pero no había más nadie.

- ¿Escuchó eso?

- Si, creo que alguien te llamó.

- ¿Pudiste ver quien era?

- No, yo te estaba mirando a ti.

- Mire señor, yo sólo vine a decirle que no fue justo su abandono, que en verdad necesité sentirme segura en los brazos de un papá, que me habría gustado que me aconsejaras, me habría gustado sentirme protegida en los días de lluvia cuando temía a los relámpagos, me habría gustado llamarte papá, me habría gustado mostrarte mis pinturas, me habría gustado que me escucharas cantar, me habría gustado salir contigo al parque y reír, me habría gustado sentir tu abrazo, pero ya no lo quiero, ¿sabes por qué?, porque pude sola, sin ti, me hice fuerte aunque tu ausencia me dejó muchas grietas en las que se colaba la tristeza de vez en cuando, se colaban las dudas, la incertidumbre, yo sólo quería decirte eso.  

  Y corriendo se devolvió a su auto, él se quedó mirando cómo se iba, ella cerró la puerta y se marchó.

   En el camino estaba llorando.

   En el hospital, las enfermeras y el médico de guardia estaban alegres de haber revivido a Paulina, era muy joven para morir, al momento de resucitarla el doctor no dejaba de llamarla por su nombre, habían estudiado juntos al ser pequeños, y no podía creer que su amiga de la infancia estuviera tan mal con una fractura en el cráneo luego de un choque en la autopista.

Fin.

Escrito por:  Liliana Lizcano.

domingo, 3 de enero de 2021

Si lo hubiera intentado


    Si lo hubiera intentado


   Era una tarde de enero, Margaret salió a dar un paseo cansada del encierro y el hastío, había mucha nieve pero no importaba, su perro Black la acompañaba, Margaret llevaba días deprimida, sin ganas de nada, su novio la había decidido terminar con ella porque "necesitaba tiempo", pero ella sabía que la causa era otra, él había conocido a una muchacha que constantemente le mandaba mensajes de texto y que le había dicho abiertamente que ella no se opondría a tener relaciones sexuales con él.  Margaret lo amaba, y si quería estar con él, pero creía que dos semanas de novios no era suficiente como para dar un paso más, quería estar segura, después de todo, sería su primera vez. 

   En todo el camino iba pensando en eso, pensaba en su soledad, en lo mucho que si lo amaba y como todo se había esfumado, se repetía en su cabeza:  "Si lo hubiera intentado, si me hubiese atrevido", miraba también a su perro, esa mirada tierna que tienen los canes cuando miran a sus amos, y le dijo:

- Si, ya lo sé, tú lo odiabas, no sé por qué si él siempre fue bueno contigo y te traía regalos y hasta comida.

   Su perrito le seguía mirando con ojitos tiernos, de pronto su perro corre buscando de ella juego, sin dudarlo ella lo persigue y ríe, hasta que se cansan y en ese instante, una de sus mejores amigas la llama:

- ¡Margaret!, ¿Viste las noticias?

- No, estoy afuera, dando un paseo con Black.

- ¡Tu novio está en la tele!

- Ya no somos novios, y ¿Cómo es eso que está en la tele?

- Debes ver las noticias, lo acaban de llevar esposado, encontraron a una muchacha muerta en su departamento.

   Margaret no podía asimilar esa noticia, estaba impactada, colgó y se fue de inmediato a su casa, pensando en el camino: "Ahora sé que habría sucedido qué habría pasado si lo hubiera intentado...creo que después de todo no estuvo mal haber esperado y haberlo dejado irse de mi vida".

   Moraleja:  A veces nos da tristeza por situaciones que no se dieron en nuestras vidas, o por personas que ya no están, pero que amábamos mucho, cuando realmente no sabemos si Dios nos libro de algo, o si eso simplemente no nos convenía.  Por otra parte nunca debemos dudar de nuestras convicciones, porque cuando alguien nos ama buscará SIEMPRE nuestro bien, el amor siempre buscará el bien y no causarnos daño o dolor. Una persona que te amé no tiene por qué presionarte a hacer algo que no sientes que deba pasar.  Afortunadamente hoy Margaret está felizmente casada y es mamá de una hermosa niña.

FIN.
 


Liliana Lizcano.

sábado, 2 de enero de 2021

No seas tú quien apague la luz de otros

 


No seas tú quien apague la luz de otros


   Muchos nos hemos tropezado con comentarios desmotivadores, de criticas, o de juicios hacia algo positivo que quisimos hacer.  Todos en algún momento lo hemos vivido, y es cuando estamos allí que debemos comprender que esa luz que podamos estar proyectando esté molestando a otros, a tal punto que esas personas se han dedicado a tratar de molestarte.  Por desgracia un "Cantas muy mal", "Eso que haces deberías hacerlo de otra manera", "Tú deberías intentar hacer otra cosa porque esa idea que tuviste es fatal", hacen que muchas personas apaguen su pequeña luz.  Trata de no apagar la luz de nadie, si no te gusta alguien te alejas y ya, no tienes que caer en contienda con nadie, hay suficiente espacio en el mundo (y en las redes) para mostrar lo que amas hacer.  Si tú eres alguien que crees que es tu deber andar por la vida señalando a alguien por sus dones y talentos, es mejor que escudriñes en tu corazón en qué cosas eres bueno tú y brilles, nadie tiene tantas sombras como para no dar algo bueno de sí mismo.

   Y a ti que te han lastimado quiero recordarte que puedes enfocar tu energía en las personas que te aman y que siempre han estado allí para ti, que todo es efímero como para darle importancia a gente que trate incomodarte con malas palabras.  Quizás brillas tanto que tu luz les dejó ciegos, quizás eres un amanecer que otras personas necesiten ver, quizás seas un atardecer que lleve quietud a quienes necesitan una palabra de aliento, quizás seas la luciérnaga de una pequeña familia.  Sea como sea, no apagues la luz de otros y brilla con tu propia luz. 

Liliana Lizcano.

viernes, 1 de enero de 2021

Los ladrillos de Daniel

 



Los ladrillos de Daniel


   Hace mucho tiempo, en un pueblo de los Andes, había una familia que tenía tres hijos, el mayor Darío, el segundo Damián, y el tercero, Daniel.  Los tres niños tenían sueños, Darío soñaba con poder ser constructor de puentes, Damián soñaba con construir edificios, y Daniel soñaba con hacer casitas, esto no era más que la motivación de ver a su padre trabajar como albañil, quien con mucho esfuerzo sólo pudo pagarle estudios a Darío, enviándolo a la capital del país.  Damián y Darío tendrían que conformarse con terminar a duras penas la secundaria y trabajar desde muy temprana edad con él para apoyarle ya que cada vez estaba menos fuerte para desempeñar algunos trabajos.

   Darío logró su sueño de convertirse en un buen ingeniero, construyó algunas cosas de mucha importancia para la capital, mientras que Damián lamentablemente enfermó y murió, trayendo un enorme pena y dolor a sus padres, y el pequeño Daniel era un albañil, pero no cualquier albañil, Daniel destinaba un 30% de sus ganancias a llevar ladrillos y cemento para arreglar algunas casitas de las personas del pueblo, esto lo hacía en silencio con sus propios ingresos cada mes. 

   Un día su hermano Darío visitó a sus ancianos padres, para dejarles un cheque, Daniel le pidió ayuda para un proyecto en el pueblito, a lo que su hermano dijo:  "A mí me pagan por mi tiempo, mi tiempo vale oro".  Daniel suspiró y viendo a su hermano dar media vuelta le dijo: ¡Buen viaje!

   Daniel, sentía que ese sueño no podría realizarlo solo, pero en un sueño Dios le habló y le prometió apoyarlo.  Así fue, tres personas del pueblo creyeron en su sueño y en ese pequeño proyecto para restaurar algunas casitas de gente muy pobre y embellecer el parque del pequeño pueblo.  Llevó cada ladrillo, uno a uno los había reunido con mucho esfuerzo y dinero de su bolsillo. Tal vez su nombre no salió en los periódicos, quizás no está en el parque que él restauró para los niños, tampoco quedó escrito en las casas de aquellos ancianos, no hubo filmación alguna para resaltar lo que hizo, pero estoy segura que en el libro de los hechos cada obra (buena o mala) estará ante los ojos del Creador y sonreirá con todo lo que un humilde albañil pudo hacer.

   Y colorín colorado, esta historia ha acabado.


Liliana Lizcano.









jueves, 31 de diciembre de 2020

Me enseñaste mucho 2020, Adiós 2020

Me enseñaste mucho 2020

   2020 Me enseñaste mucho, ya sabía que serías un año difícil, me lo habían advertido, pero también me habían prometido que no me soltarían de la mano, Dios me ayudó a conocerte sin temor, a comprender tanto de la vida en cada mes.  Contigo aprendí que la vida es sumamente efímera, que muchos se fueron sin poder despedirse, luchando por el aire, ese aire que es un milagro de vida y pocos valoran en cada despertar.  Aprendí a dar gracias en todo y por todo.  Aprendí a que mi Padre Celestial nos ama y tenía cuidado de mí en momentos tan adversos, en momentos en los que lloré tanto y Él fue mi fiel consuelo y ayudador.  

   Aprendí que Él me alejaría de personas que realmente nunca fueron amistades genuinas, aprendí a que debo ser prudente y no meterme en asuntos ajenos y mucho menos a aceptar cuando alguien me venga con una "historia" de una amiga con la que se la lleva mal y es incapaz de decírselo en su cara, porque luego, me señalarían y culparían a mí por cosas que esa amiga jamás se atrevió a decirle en la cara a otra persona, mucho drama a nuestro alrededor también es nuestra culpa cuando aceptamos a personas así, es falta de sabiduría, y esa fue la mejor de las lecciones, cuando decides cerrar la puerta a eso, te tratarán con silencio, aunque muestres amabilidad y jamás le hayas hecho nada a esa persona, esta es la mejor señal que puedas tener que esa amistad no debió haber sido y que debías haber visto las otras señales de alarma mucho antes, no porque esa persona sea mala, sino porque tú necesitas crecer y esa persona tiene otros procesos diferentes que asimilar en su vida, y tú tienes otros.  

   Aprendí que todo tiene una razón de ser y que no podía buscar hacer reír a otros cuando éstos están sumergidos en su amargura y en quererte señalar por sus propios errores en los que se ven reflejados cuando te ven, aprendí que aunque te esfuerces por llevar sonrisas, algunos lo verán como un regalo y otra persona que decía ser tu amiga diga: "Es ridícula", cuando esa ridícula sólo buscó hacerla reír, así que decides no tratar de salvar al mundo de sus días grises y pintar sólo los tuyos, aprendes que no es egoísmo, sino que es justo cansarse y decir ya no más, al final de cuentas muy poca gente notaba lo que verdaderamente tratabas de dar, y agradeces a quienes pudieron sonreír contigo y en agradecimiento a ese amor te despides y continuas. 

  Porque aprendí con el 2020 que si es verdad que me gusta que otros sonrían, también es cierto que en muchos momentos aunque yo estaba llorando por dentro, coloqué mi dolor a un lado para buscar esa sonrisa de la gente que sin conocerles les estimaba tanto, debía entonces hacer un alto, alejarme y poder ver cosas que no podía ver antes, de ese tiempo valioso que brindaba, debía invertirlo ahora en mi sonrisa.  

   Los cambios no son sencillos de hacer, pero son necesarios y este 2021 es un buen comienzo para muchos cambios positivos, nadie me roba la ESPERANZA, una palabra que amo porque unida con la FE fue lo que me permitió salir de mi país a luchar por mis dos hijos, no negaré que tuve temor, pero mi corazón se armó de valor para tener fe y esperanza en las promesas reales de Dios que se han estado cumpliendo en mi vida y aunque Él ya me ha mostrado mucho de lo que viene para el 2021, espero poder tener la fortaleza en Él de seguir adelante. Amén.  


Liliana Lizcano.

lunes, 3 de agosto de 2020

No se puede devolver el tiempo




  Ella era una mujer que no sólo era hermosa por fuera, también lo era por dentro, de sus seis hermanas, ella era la más bella, Meli, de piel blanca, cabello castaño claro, liso y largo, su esbelta figura hacia que todos voltearan al verla, maravillados quedaban con su forma de expresarse, siempre dispuesta a ayudar a todos, con una fe enorme en el corazón y siempre creyendo en lo mejor de todos.  Su padre había sido un alcohólico, y su madre las había sacado adelante con mucho esfuerzo, pero lamentablemente nada es perfecto, y la señora quería vivir a través de la hijas lo que ella no pudo vivir, a Meli en particular le decía noche y día que debía conseguir un hombre de buena condición económica para casarse, que ya tenía edad de ir "viendo" con quién casarse.

   Meli ya estaba enamorada, le gustaba mucho un joven de su misma congregación, ella era la única cristiana de su familia, aquel joven (de quién no recuerdo su nombre, pero sé que ella una vez me lo mencionó al relatarme esta historia que me pidió contara a otras jóvenes), era un joven muy trabajador, su familia era pobre, pero había aprendido de su papá el oficio de la zapatería, hacía zapatos y también los arreglaba.  Cuando Meli le mencionó a su mamá que este joven quería salir con ella, la madre le contestó molesta:

- ¿Cómo se le ocurre?, ¿El hijo del zapatero? otro pobre, nunca saldrás de la pobreza, deberías aprovechar tu belleza, tu juventud y buscar a un hombre con mejor posición social.  No vas a salir con él.

   Meli que de todas las hermanas era la más sumisa, y bastante obediente, decidió no salir con el joven y no se permitió tener un noviazgo con él, siendo éste un joven bueno, que compartía su misma fe y muy trabajador.   

   Con el tiempo, Meli veía que todas las jóvenes se casaban, pero ella no y empezó a preocuparse que como le decía la madre "Le hubiese dejado el tren".  En esas ocasiones en las que ella trabajaba de voluntaria, llegó a aquella iglesia un muchacho menor que ella, un vago, drogadito sin haber cursado estudios de bachillerato, y el joven puso los ojos en Meli, se "propuso" cambiar, "meterse" a la religión y mostrarle que podía luchar por su amor, ciertamente el joven empezó a tener cambios, culminó el bachillerato y eso alegró a Meli, ella le ayudó a buscar empleo y si, el muchacho consiguió "quien lo rescatara", ella se sentía feliz, ya que él era muy astuto, le escribía poemas, cartas, esos detalles que Meli jamás había recibido de nadie.  Todas las jóvenes de la iglesia se preguntaban cómo una joven como ella iba a fijarse en un muchacho como Oscar, la verdad no hacían pareja.  Mejor le hubiese sido a la madre de Meli dejarla tener amores con el zapatero, pues Oscar se metía a escondidas a la casa de noche, y hasta golpes le ofreció a la mamá de ella.  Un total patán, pero ella estaba perdidamente "enamorada".


   El tiempo pasó y si, Meli se fue con ese hombre, sin casarse, viviendo una vida infeliz, porque todo el barrio supo que el hombre la maltrataba, sus dos hijas incluso estaban ya adiestradas por el padre para que acusaran a la mamá si Meli hablaba con alguien, si ella hablaba mal de él con su familia, sus hijas se habían convertido en sus enemigas desde pequeñitas.  Bueno, un día Meli llorando ante tanto maltrato, recordó a aquel zapatero que un día se había fijado en ella, y decidió buscarlo, ella sabía en dónde él tenía su zapatería.  Fue al centro de la ciudad y él se sorprendió al verla, sonrió, y ella a él también.

- ¡Meli! ¿Cómo está? ¡Cuánto tiempo ha pasado!

  Ella conversó con él por largo rato, no sé qué tanto habrán conversado, pero si sé que le respondió él a ella, le dijo estas palabras:

- Meli, lamento mucho lo que has estado pasando, me da mucha pena contigo, pero es bastante tarde para que me busques, yo hice mi vida, tengo una maravillosa esposa y dos preciosas hijas, no soy millonario, pero mi negocio me permite sostener a mi familia y le voy a pedir que por favor no venga acá.

   Muchos podrían juzgar a Meli, yo vi las cartas que Oscar le escribía y yo que he estudiado Literatura debo confesar que el hombre era muy bueno escribiendo, las palabras de Meli me hacían ver a una mujer ya mayor pero infantil en sus emociones, con la ilusión que él un día pudiera cambiar, del zapatero no habló mucho, sólo que le gustaría volver al pasado y no haber tomado aquella mala decisión, pero todos sabemos que no se puede devolver el tiempo. En la actualidad aún está viviendo con Oscar y sus dos hijas, pero ella no es feliz.  Me pregunté muchas veces por qué no dejaba a ese hombre maltratador, pero supongo que el haber tenido un padre alcohólico y haber visto el mismo patrón en su madre la llevó a copiar dicho patrón.

Fin.

Liliana Lizcano.
 

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