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jueves, 24 de octubre de 2019

Mazamorrero

Mazamorrero


   Una vez estando pequeña, mi amigo Ricardo llegó con su guitarra para practicar unas canciones. Nos sentamos en las escaleras del edificio a cantar. En eso bajó un amigo nuestro, Arturo. Con una cara de preocupación tremenda.

- ¿Qué te pasó, Arturo?.

Nos miró serio.

- Me oriné.
Dijo con preocupación.

Yo le dije:
- ¿Cuál es el problema? A todos nos ha pasado alguna vez orinarnos en la cama.

- Si, pero ya tengo once y no fue normal.

- ¿Por qué?. (Le pregunto Ricardo)

- Chamo, es que boté como mazamorra.

Ellos dos se miran pensativos y me ven a mí.

- A mí no me vean, yo no tengo pipí y no sé por qué bota mazamorra, las mujeres botan sangre, mira el lado positivo, no estás mal herido.

   Él se veía preocupado y Ricardo le dice:
- Pa' ve mazamorrero, quizás estás enfermo. Tú te volteas, y Lili, no veas.

Yo di la espalda y me tapé los ojos. Ricardo le dijo:

- Está normal. Deberías decirle a tu mamá.

- No chamo, yo lavé el interior.

  Y allí quedó la cosa. Seguimos en las escaleras cantando y hablando.

  En la noche le cuento a mi mamá todo esto y ella pela esos ojos asustada. Pero como conocía a mis amigos sabía bien que eran muchachos nobles, compinches de infancia pero yo curiosa le pregunté:

- ¿Cómo es un pipí, mamá?.

   Ella en vez de dibujarlo aunque sea como lo dibujan en los baños o hablarme claro, se puso nerviosa. Y contestó:

- Tiene puyas, es corrugado y asusta.

   Sé que ella no estaba preparada para mi pregunta, yo sin papá, ni hermanos pues era natural que en algún momento preguntara.

- Mucho cuidado, Lili.

   En ese momento yo no la entendía pero creí cada palabra que dijo. Me preocupé por mis amigos, y dije dentro de mí: "Menos mal soy niña, tengo totona y no puyas".

   Al día siguiente tuvimos clases de matemáticas, yo sólo veía el cierre del pantalón de mi profe Ángel mientras que explicaba. 

Él se percató y me llamó:
- ¿Por qué me mira así espantada?.

- ¡Ay profe!, mi mamá me dijo hoy lo de las puyas que ustedes tienen en el pipí. Y me preocupa Arturo que dice que está enfermo con mazamorrero.

   El profe Ángel soltó una risa y dijo:
- Hablaré con Evelio para que explique varias cosas en biología. 

   Llamó al profe Evelio y nos miraban riendo. Al día siguiente el profesor Evelio llevó unos muñecos de porcelana, varón y hembra y nos enseñó las partes del pene y la vagina.

   Arturo preguntó sobre la mazamorra y el profe explicó lo de la eyaculación en el hombre y los sueños húmedos.

  Sin embargo quedó como broma de humor cuando recordamos eso, llamarle: "Mazamorrero".

Fin.

Lili.

martes, 15 de octubre de 2019

"Ya no estás aquí"

  Pasó el tiempo y Ricardo y yo nos convertimos en adolescentes, yo estaba aprendiendo lenguaje de señas con la hija de unos pastores cristianos, ella dedicaba su vida a la obra social con personas con discapacidad auditiva.  Ricardo estaba en la búsqueda de seguir ayudando y utilizar sus dones y talentos en servicio de otros. Así que si lo invitaban a un funeral él iba a cantar y me convidaba.

   Había un señor en el vecindario que había tenido una sola hija, su esposa había muerto, y él trabajaba vendiendo plantas que él mismo sembraba, pero lamentablemente su hija partió también, estaba solo en la funeraría, uno que otro vecino chismoso se acercaba para ver a la muchacha en la urna, pero sólo eso. Ricardo llamó a mi casa y me dijo que bajara para llevar música al señor Ramiro, así que me arreglé y nos encontramos, Andreina llegó más tarde y ya los tres llegamos juntos.  Allí estaba aquel hombre contemplando a su hija, pero como era ateo, no sabíamos qué cantar para él, las canciones que cantaba Ricardo eran himnos cristianos, él nos miró y preguntó:

- ¿Qué hacen acá?, yo no soy cristiano. No me canten nada de Dios.

Yo le respondí: 

- Bueno nos sabemos otra bonita.

   Yo crecí con música muy hermosa gracias a mi mamá, a mis tías y tíos, y dos cantantes venezolanos me gustaban mucho, Pedro Castillo y Guillermo Carrasco.  Así que Ricardo, ya sabía qué canciones eran las que yo tenía en mente, Andreina cantaba muy lindo y entre las dos empezamos a cantar "Ya no estás aquí", una canción de Guillermo Carrasco.  El señor Ramiro era un hombre conocido por no expresar mucho, por ser muy mal encarado, y no era para menos, en la vida había tenido pruebas muy fuertes, nos miró y nos hizo señal con su mano para que pasáramos.  

    Ricardo empezó a tocar la guitarra y Andreina y yo empezamos a cantar esa canción.  De pronto el hombre nos miraba diferente, mientras que lágrimas caían por sus mejillas. Terminamos de cantar y él vino hacia nosotros, sin decir nada, nosotros le dimos un abrazo grupal, fue cuando pudo hablar y dijo:

-  Necesitaba llorar, gracias por ayudarme, no sabía cómo sacar esto dentro de mí, sentía que quería llorar y no podía, yo necesitaba llorar.

   Y así fue como ese nudo del señor Ramiro salió de su garganta.

   A veces las personas le dicen a los demás:  "No llores", "Es parte de la vida", "Ya se te pasará", pero la verdad es que sacar el dolor afuera es necesario, he visto cómo les dan sedantes a algunas personas y no les dejan enterrar a sus muertos, cada persona es diferente, pero una cosa es propia en nuestros corazones, la necesidad de expresar nuestros sentimientos, aún y si éstos son de dolor.

   Así fue como los tres empezamos a visitar funerarías sin conocer a los muertos, cuando nos invitaban era sencillo, sino Andreina buscaba el nombres de personas 3 anuncios de velorios en el periódico y allí llegábamos.  Llevando una canción, y un mensaje si así lo permitían.

Fin.

Lili.

Posdata:  Les dejo el enlace de la canción para que la escuchen.


miércoles, 9 de octubre de 2019

La clave

   Hoy quiero contarles sobre una persona que fue muy especial para mí, una buena amiga, estuve charlando con unas amigas hace poco, y ella me vino a la mente, Ligia era una niña muy amable, ella era mormona, fue la primera mormona que conocí, pero a pesar que mi fe era distinta a la de ella, ella no vio problema en ser mi amiga, y yo menos. Le gustaba muchísimo bailar, escuchaba cualquier canción y se movía, yo era más alta que ella y siempre me decía "jirafita", y yo a ella "hormiguita", pero con ternura, nunca con burla, realmente a los amigos que llego a amar con todo mi corazón, tienen un apodo de animalito, y ellos saben que es casi imposible evitarlo, pero es un signo propio de mí cuando alguien ha ganado mi total y plena confianza.  A ella no le gustaban las clases de religión, como estudiábamos en un colegio de monjas, pues no le gustaban, a mí tampoco, pero ella se enojaba con las tareas.  

   Un día comiendo en el receso me dijo: 

- Si un día viene ese muchacho que está allá, ese gusta de mí, pero no me gusta a mí, le vamos a decir: "Tenemos que hacer tarea de religión" y nos vamos a la biblioteca.

   Tengo que hacer una pausa, no puedo contar esta historia, duele, se me removió todo... Trataré de ser breve porque voy en el autobús y no quiero ponerme a llorar acá. 

   Luego ella miró a otro niño del colegio y dijo: 

- Pero si viene aquel, serás tú la que me diga: Debo irme, los dejo solos porque tengo clase de religión, esa será nuestra clave. 

   Y seguimos comiendo, recuerdo clarito ese día, ella comía una arepa con diablito y mayonesa, y yo unos pastelitos andinos. Nos reíamos mucho de eso.  Bien, pasaron unos meses y yo soñé con Ligia, en el sueño ella estaba en un precipicio, y yo trataba de llegar a ella, pero mis manos eran muy pequeñas y yo no tenía la fuerza para poderla subir, entonces grité por ayuda pero el papá de Ligia no me prestó atención, y su madre estaba muy lejos y no me podía escuchar.  Le conté a Ligia mi sueño, y ella respondió: 

- ¡Tú siempre con tus sueños locos!. 

Pero le conté a Ricardo, y él me dijo: 

- Eso es que ella corre algún peligro y su familia no lo sabe. Pero como a penas erámos unos muchachitos cercanos a la adolescencia, con 12 años en ese momento, contamos el sueño a nuestras familias, pero quedó como eso, un sueño.  

   Pasado el tiempo, un día Ligia no fue a clases, cosa en ella muy extraña. Pensamos que estaría enferma, así que a la una de la tarde llamé a su casa, y ella me contestó: 

- ¡Hola Lili! disculpa pero no puedo atenderte estoy haciendo mi tarea de religión. 

    Y colgó.  Ella jamás me había trancado así el teléfono, me pareció extraño y volví a llamar.

(qué rudo contar estas cosas, tenía años sin hablar de esto, pero tengo que sacar esto de adentro)  Bueno, llamé de nuevo: 

- Mira ¿qué tarea chama?. 

- Lili la tarea de religión, Lili tú sabes lo responsable que soy yo, cuánto amo esta materia, debo colgar porque quiero terminar mi tarea.  

   Colgó de nuevo y allí supe que algo no andaba bien, llamé al papá de ella, y le conté, pero él no le pareció extraño, llamé a su mamá y la señora me dijo:  "Hija estoy muy lejos ahora, no puedo ir, ella está bien, yo le hablé hace rato, está estudiando, ya sabes cómo es".  

   Ligia fue encontrada violada y muerta en el apartamento.  En nuestra clave me estaba diciendo que estaba en peligro.   Ahora tengo claves para muchas cosas, incluso con mis hijos, cuento esto porque ella me vino a la mente ayer.  Ligia estaba siendo observada desde hace mucho tiempo, las investigaciones duraron mucho tiempo para dar con ese hombre.  Sólo quería compartir esto hoy para que tengan claves con sus seres queridos en caso de una emergencia, estoy segura que ese hombre le dijo responde el teléfono pero si dices algo te mato, y ella trató de pedir auxilio, yo traté de explicarle a su familia, pero no entendieron, no me ayudaron para no dejarla caer en ese precipicio que vi en el sueño, de ese ataque que ella recibió.  

Lili.

martes, 8 de octubre de 2019

Eres fuerte, eres amor, eres perdón, eres luz

   Las trillizas eran las consentidas de la familia Gutiérrez, Juliana, Julieta y Julia, Julia murió de extraña enfermedad, para Juliana y Julieta fue un impacto, estaban pequeñas aún para entender, y lo asumieron con rabia, pensaban que Julia se había querido ir, cuando les decías trillizas, ellas te corregían diciendo: "somos gemelas, ya Julia se fue", muy molestas respondían eso.  

   Las llevaron al psicólogo, pero no volvieron a ser las mismas, más adelante sucedió el accidente de Ricardo, y sería otro golpe para la familia, estando en coma, Ricardo vivió un hecho que lo marcó, el encuentro con una hermana, pero no era su Julia, era otra niña, que aseguraba ser la hermana mayor. Dijo que él le dijo: "Tengo 3 hermanas", a lo que ella respondió:  "Tienes 4 y yo soy la menor", su nombre era Emily (Ver la narración de esto en "Un extraño don") él regresó a la vida, con más preguntas que respuestas, ¿4 hermanas?, ¿Julia dónde quedaba?, ¿quién era ella?, ¿qué era ese lugar?, muchas interrogantes, que él empezó a buscar, y que sólo a través de los años iría comprendiendo una a una.  

   Lo primero fue cómo pudo ayudar a su madre con el peso de la culpa, del dolor, porque algo que no le dicen a una mujer sobre el aborto, es que deja en ella huellas en el alma, no es algo sencillo de asumir, no es tampoco algo natural, nuestros vientres por naturaleza no aborrecen, sino que protegen, y cuando una niña ha sufrido violación, es un tema bastante doloroso para tocar.  

   Aquel día Ricardo estaba jugando con nosotros en el patio, y Andreina, lavaba algunas de sus prendas.  Estábamos solos, porque la mamá de Andreina iba a llevar unas cosas al papá de Ricardo, al rato, llegó el tío de ellos, que preguntó donde estaban los padres de Ricardo, y él le respondió que no estaban, entonces el hombre se sentó en el patio a mirarnos jugar, de pronto su atención fue para Andreina y le dijo: 

- Andreina, ¿me trae agua mija?.  

   Ella se limpió el jabón de las manos y fue a la cocina, y él tras ella.  Me da dolor contar esto...habría querido saber lo que pasaría, pero jamás pasó por mi mente que alguien en quien se confiara tanto y que se supone debe proteger a su familia, le haga eso a un ser querido.  Me pasaron buscando, y me fui.  Más tarde noté un cambio en todos ellos, ya no eran los mismos de siempre.  Pensé que estaban molestos conmigo, ya no querían jugar, pero la más cambiada era Andreina, ya no reía, ella siempre reía mucho.  Así que un día soñé, en el sueño vi a una niña tocar piano, y me sonreía, me dijo: "Dile a mi tío Ricardo que me proteja". Es curioso porque se parecía mucho a ellos, y le conté a Ricardo lo sucedido, el peló los ojos, Ricardo siempre creyó en mí porque muchos sueños se cumplían y los anotábamos con fecha, y yo le creía a él, era otro rescatista de gatos y perritos como yo, así que bueno, aunque nuestra amistad era buena, él no me había dicho lo que les había pasado, entonces ese día que le conté el sueño me dijo:  

- Tenemos que hablar, Lili, aquel día que mi tío fue a vernos, hizo algo malo. Le dijo a Andreina que fuera a la cocina por agua para él, pero se la llevó a un cuarto, tardaban tanto que cuando fuimos a buscarla, abrimos la puerta y él tenía los pantalones abajo, mi hermana estaba amarrada, y él sujetaba su boca, nos amenazó y no dijimos nada, tuvimos mucho miedo, cuando quiso hacerlo otra vez gritamos todos y tuvimos que contarle a papá y mamá, ahora él está preso, me daba pena decirte esto porque mamá dijo que no hablemos esto con nadie, pero ahora Andreina está embarazada y papá quiere que aborte, mamá está muy mal porque ya tú sabes lo que pasó con Emily, y esto ha traído tristeza. 

- ¿Qué dice Andreina?.  

- Nada.  No habla. 

   Se repitiría la historia del aborto en esa familia. El padre estaba decidido, su rabia era inmensa, pero ese día algo especial sucedió, el padre de Ricardo y Ricardo también, soñaron con una niña tocando piano, que les decía: "Necesito llegar a casa, no me hagan daño".  Ricardo recordó mi sueño, y sintió temor, porque ya antes yo había soñado con cosas y eran como anuncios de cosas por suceder.

    El padre de Ricardo entró en depresión, se sentía mal por no haber podido proteger a su pequeña, la madre también, fueron a la iglesia, buscando quizás una señal, o una palabra, pero nada.  

   Esa noche, le tocaría a Andreina soñar, esta vez no era sólo la niña del piano, sino que estaba en el piano y alguien con mucho brillo estaba junto a la pequeña, se acercó lentamente, y Andreina le reconocío: 

- ¡Julia!, ¡Hermanita!. ¡Hermanita mía!

Ella le respondió: 

- No somos hermanas, más adelante entenderás estas palabras, eres fuerte, eres amor, eres perdón, eres luz. (Y repitió eso tres veces: eres fuerte, eres amor, eres perdón, eres luz) al punto que al despertar Andreina copió estas palabras y al día siguiente se encerró a hacer un mural en su cuarto con estas palabras.  Y si, decidió tener a ese bebé para darlo a alguna familia, aunque en Venezuela el sistema de adopción es bastante engorroso, querían darlo a una persona cercana a ellos que sabía el dolor que habían pasado, la señora no había podido tener hijos, y siempre había anhelado un bebé.  Bueno eso es parte de lo que sucedió en esta familia.  Afortunadamente, fueron muy unidos, la historia de la hija de Andreina es muy linda, si fue dada a esta señora, pero pasaron muchas cosas después que quizás les contaré más adelante, en la actualidad ella vive en U.S.A con su esposo Ben y su hija, ella toca el piano, y ayuda a sus padres en el ministerio de alabanza y adoración en la iglesia que juntos pastorean.  Agradezco tanto conocerlos como familia e inspiración de fuerza, amor, perdón y luz.

Lili.


Creación de un refresco

    Había un niño que molestaba a todos en el recreo. No faltaba un bravucón en la escuela. Este muchachito tenía por costumbre quitarle a muchos sus meriendas. A mí no porque cuando yo iba a comer y lo veía, me escondía entre los carros de los profesores pero a mi pobre amigo Ricardo, siempre le quitaba su merienda. Le robaba la arepa y su jugo o refresco. Un día lo vi llorando me dijo:

- ¡Tengo hambre Lili! Ese niño siempre roba mi comida.

   Me senté allí en la jardinera y compartimos mi desayuno. Pero él seguía llorando. Con un llanto cortado. Yo le dije:

- Ya no llores amiguito, lloras muy feo, como un carro cuando no termina de arrancar.

  Y él se empezó a reír. Pasó el niño bravucón y le dijo:

- Mañana quiero una arepa y una Pepsi. ¡Lo traes o te golpeo!.

   Ricardo temblaba. Le dije que no tuviera miedo. Y que le llevaríamos su desayuno.

   Compramos una Chinotto (un refresco que es como la Seven up) agarramos un envase de Pepsi vacío, mezclamos la Chinotto con salsa de Soya. Se veía como una Pepsi normal.

   Al día siguiente en el salón, el niño ni siquiera espero a que saliéramos de clases. Agarró el bolso de Ricardo y sacó la arepa y la 'Pepsi'.

   Ricardo y yo veíamos desde nuestros pupitres como se comía la arepa y ya cuando estaba atragantado abrió nuestra creación.

   La Pepsi que habíamos hecho. Pero entró un profesor y lo regañó por comer en clase. Quitándole la Pepsi. Allí vimos nuestro plan fracasar. Sin embargo, el profesor salió y el niño de inmediato fue al escritorio y se llevó la Pepsi.

- ¡Tengo mucha sed!.

Exclamó.

Y con ganas, bebió.  La reacción fue inmediata escupió eso. Dijo:

- ¡Este refresco está salado!.

Y se fue al baño a vomitar.

   Lo lambucio se le quitó ese día. No volvió a agarrarle a nadie del salón la merienda. 


Lili.

sábado, 5 de octubre de 2019

Un extraño don

   En la escuela tuve un amigo llamado Ricardo, creo que varios conocen esa historia de cómo enfrentamos a un bravucón. Él tenía tres hermanas, Andreina (la de la historia del zamuro) y las morochas, Ricardo siempre fue muy callado luego de un accidente que tuvo.

   Todo el mundo oraba para que él se salvara, pero le habían advertido a la familia que no era seguro que viviera, había entrado en coma. Yo me sentía muy triste, porque era mi gran amigo en la escuela. Pero Ricardo se salvó, volvió en sí milagrosamente. Sin embargo no hablaba.  Y no porque no pudiera, sino porque estaba como impactado y no sabía expresar lo que había visto estando en coma. 

   El médico le dijo a la mamá que le permitiera en casa las visitas, así que me pidió a mí y a otros dos amigos más de la escuela que fuéramos. Fui muy contenta.  Al verlo lo abrazamos, todos fuimos al patio, sus hermanas trajeron la pelota para jugar pero él me dijo: "Necesito contarte algo". Nos sentamos a parte, y me dijo:

- Lili, hay un lugar muy bonito del que no quería regresar.

Mi pregunta inmediata fue:

- ¿Viste a Dios?.

Él respondió:

- Yo quería avanzar más porque vi a mi abuela saludando pero una niña corrió hacia mí y me dijo:

- No avances más hermanito.

- ¿Quién eres?.

- Soy tu hermana Emily. Mi misión debes llevarla tú.

- Pero yo sólo tengo tres hermanas.

- No, tienes cuatro, yo habría sido tu hermana mayor.

- ¿Y qué pasó?.

- ¿Pregunta a mamá?. Y dile que la perdoné, que abuelita ya sabe todo, pero que ya no llore más por mí. No avances más o no podrás regresar.

   Y allí, según Ricardo, terminó aquella conversación. Abriendo sus ojos.

   Fue un asombro para todos que viviera. Un milagro.

Entonces le pregunté:

- ¿Ya le contaste a tu mamá?.

- No.

- Deberías.

Y yo de "salida" grité:

- Señoraaaaa.

(Con mi manito hice señas para que viniera)

Ella se sentó con nosotros.

- Dile Ricardo.

- ¿Qué cosa me vas a decir, hijo?.

- Mamá, ¿Quién es Emily?, ¿Era mi hermana mayor?.

Ella sorprendida pregunta:

- ¿Cómo supiste de Emily?.

- La vi mamá, vi a una niñita, mi abuela estaba también en ese lugar.

   La señora se fue llorando y Ricardo tras ella. Yo me fui a mi casa.
A los días Ricardo me contó que su mamá había tenido un embarazo muy joven antes de casarse con su papá, cuando supo se emocionó, y pensó en el nombre: Emily, pero al contarle a su novio, él le dijo que no quería, ni se haría cargo de ningún bebé. Ella siendo tan joven se sintió muy mal, tuvo miedo, vergüenza y una amiga le habló del aborto. Y así lo hizo, nadie había sabido de eso, ni siquiera del nombre que había pensado para Emily. Vivió atormentada, cada año que pasaba decía: tal vez tendría tal edad en este momento. 

Ricardo le dijo: 

- Mamá, Emily te perdonó, tú debes perdonarte, ya la abuela lo sabe, ahora yo lo sé, debes ser libre de ese dolor.

   Y así fue como Ricardo inicio un ministerio de sanidad, mucha gente nos llegaba a decir "Médiums" a mí por los sueños y a él por ayudar a gente en duelos. 

   Siempre nos invitaban a velorios a cantar y él siempre tenía algo que decir con su don, de discernimiento y consuelo a las personas.

Fin.

Lili.

viernes, 20 de septiembre de 2019

Y los muchachos del barrio le llamaban loca.

    Mi amistad con Ricardo se hizo fuerte cuando enfrentamos juntos a un bravucón que lo molestaba. Él y sus cuatro hermanas eran algo así como mis hermanos prestados de la vida. Ricardo era el niño callado igual que yo, en nuestros  "mundos", Ricardo siempre fue desde niño un ser humano muy sensible, chillón como yo, preocupado por los demás, sus hermanas no le creían muchas de las cosas que él les decía, pues ellas creían que las cosas que solía ver, eran inventos para asustarlas.


   Como de niña, yo tenía sueños que luego se cumplían, muertes de personas, eventos un poco extraños, yo si le creía, y él a mí, porque podía contarle sin temor las cosas que soñaba y veíamos juntos los hechos y cuando pasaban nos mirábamos y exclamábamos: "¡Sucedió!".

   Un día soñé que el tío de Ricardo, Pablo, fallecía tocando su corazón, le conté a Ricardo, y él le contó a su tío y a la esposa de él, Johana. Ellos le dijeron que dejara de estar oyendo cosas feas, Ricardo insistía en que su tío fuera al médico, pero aquel día ambos lo escucharon sin dar importancia a eso.

   Pasaron quizás dos meses. Y el señor Pablo murió de un infarto. Su esposa estaba en shock en el velorio. Ricardo también. Le dije en la funeraria:

- Vamos a armar un rompe cabezas.

   Pero Ricardo no reaccionaba. Su mirada estaba perdida como la de su tía Johana. Me dijo:

- Lili, mi tío está aquí.

- Si, ya sé, es el muertito que está ahí.

- No Lili, está ahí frente a mi tía.

- No digas nada. Ya se irá al cielo.

   Y nos pusimos a armar el rompe cabezas.

   La señora Johana a partir de allí enfermó le diagnosticaron esquizofrenia, empezó a hablar sola, "perdió la razón" pero Ricardo sabía que algo más pasaba y que sólo él podía entender.

   La gente empezó a llamarla loca, porque hablaba con su difunto esposo y poco a poco fue perdiendo el sentido de la realidad. Siendo niños nos daba tristeza verla así, hasta que un día jugando a las escondidas, Ricardo empezó a gritar, diciendo que había visto a su tío. Le puse la mano la boca y le dije:

- Ya sabes cómo le dicen a la gente que ve más allá de lo físico.
Él viendo a su tía le dijo: - O se lo dices tú o se lo digo yo, pero ya debes dejar ir a mi tío, ya asusta.

Ella lo miró con ternura y dijo:

- No quiero decirle adiós.

- Ya deja que se vaya tía. ¡Te lo suplico!.

Y ambos se tomaron de la mano se dirigieron al sillón donde el señor Pablo se sentaba Y la señora le dijo:

- Debes irte.

Ricardo abrazó a su tía y lloraron.

   A partir de allí hubo mejoría en ella. Ella no tuvo hijos, hoy día Ricardo y su esposa, la cuidan.

Fin.  


Lili.
 

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