jueves, 26 de septiembre de 2019

Palabra mágica

  Hace un par de meses atrás decidí que caminaríamos a otra parada. Había un oficial de tránsito cerca. Los niños estaban sentaditos en la banca, alguien cerca bebió agua y lanzó la botella al suelo, subiéndose al bus ( Ojo, La calle estaba limpia). El oficial dijo mirando a David:

- Niño recoja esa botella y la coloca en el tacho de basura.

 David (mi hijo de 6 años) se fue a levantar para hacerlo pero Leandro (3 años) atravesó su manito a David y mirando al oficial respondió:

- ¿Que por favor qué?.

(Así les digo yo cuando no dicen por favor).

   El oficial me miró, yo callé, quería ver qué iba a responder, vuelve a mirar a mi hijo y Leandro insiste:

- Diga la palabra mágica.

El oficial sonríe y responde:

- Por favor, ¿Podría recoger eso y colocarlo en la basura?.

   Leandro quitó su manito y Diciendo: "Ahora si hermanito", repitió al oficial la expresión que les digo yo en casa:

- ¿Ve? ¡Qué bonito se oye una persona educada!.

El oficial le dijo:

- Tiene mucha razón. Discúlpeme. Y gracias.

- De nada señor policía.  

   Enseñemos a nuestros niños las palabras mágicas siempre, por favor, gracias, dar los buenos días, tardes o noches según sea el caso, pedir disculpas si nos equivocamos, en fin, fue maravilloso ver los frutos de la crianza en valores en mi chiquitín. 

Liliana Lizcano.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Todo tiene su tiempo




Todo tiene su tiempo

Escrito por:  Liliana A. Lizcano.
Ilustraciones de Suzzy Lee Hee.

Hay un tiempo de nacer y empezar a crecer, viviendo un día a la vez, con sus aprendizajes lindos y tristezas también.


Viendo la vida de forma simple, con sencillez, van pasando los días con tanta rapidez, que se van aquellos años adorables, de la hermosa niñez.



Aquellos días bonitos, con la gente que te supo querer. Que respondían a tus preguntas del por qué de todo y con amor te hacían comprender, te abrazaban, te mimaban y te enseñaron el camino del bien.


Llegando el otoño aprendiste a ver lo que moría, que por muy dura que es la muerte a todos les ocurriría. Es la lección más difícil de asimilar, porque nadie quiere que los buenos momentos puedan acabar.



Conoces entonces el rostro del dolor, pero en medio del llanto suele salir el sol. Conoces la tormenta, también la oscuridad, en esos momentos sabes con quién podrás contar.



Luego comprendes que fuiste bendecido, por aquellos seres amados que ya se han ido, que no mueren, siguen contigo, en lo más hermoso de tus recuerdos, en todo lo vivido.


Luego llega el tiempo de sembrar lo mejor de ti, lo mejor de tu amor, de hacer lo que te hace feliz, de dar tu corazón y poder compartir.


Luego llega el tiempo de sembrar lo mejor de ti, lo mejor de tu amor, de hacer lo que te hace feliz, de dar tu corazón y poder compartir.

Para luego llegar el tiempo de la cosecha, de ver los frutos de constante entrega. De ver que todo lo que diste, luego a ti regresa, como hermosa recompensa.


Conocerás en tu vida la temporada de invierno, cuando todo luce gris y el frío arropa tus sueños. Cuando no hay fuerzas y se derrumban anhelos.


...pero en medio del lamento, hallarás consuelo, porque no hay nada oculto bajo el cielo y con fe y esperanza volverás a alzar tu vuelo.



Cuando estés allá arriba observa bien sin juzgar, hay tiempo de reír pero también es bueno callar. Hay tiempo de seguir adelante y no mirar atrás, hay tiempo de aguardar en el nido y luego volar.


Tiempo de marcharse con la esperanza de volver...


...tiempo de regresar a casa para abrazarlos otra vez.


Tiempo de decir adiós con mucho dolor...


 ...tiempo de llegar a un nuevo lugar y mejorar tu condición.

También el verano llegará a tu vida, viendo que todos los males ya en ti no tienen cabida. Has madurado, y has sanado tus heridas, has enfrentado el miedo y no hay en ti cobardía.


Has conocido la enfermedad y su desdicha...

… pero también has conocido la salud y su alegría.

Has conocido el tiempo de la primavera, has aprendido el don de la paciencia y la espera.





Has conocido el tiempo del amor en cada atardecer...


Y el tiempo de soledad que muchas veces solías tener.

Yo sé que cada quién conoce sus propias goteras. Que cada uno de nosotros está pasando alguna tormenta...


… Un tiempo que quizás te duela, pero hoy quería decirte que tuvieras en cuenta, que en esta pequeña ventanita tendrás una historia bonita para que la leas.

Con amor,

Lili.


martes, 24 de septiembre de 2019

Aquel edificio

Aquel edificio 
Por: Liliana Lizcano.



 Aquel edificio guardaba cientos de historias, de la madre que criaba a sus hijos y luchaba estando sola, de la anciana que vio una vida pasar y hoy sus hijos están lejos, en otro lugar. De la mujer que coqueteaba con el vecino y más tarde...

… sería más que un amigo. En aquel edificio se escribieron tantas historias de amistad, de compañerismo y fraternidad. Poco a poco apartamentos fueron quedando vacíos, cuando muchos se fueron, emprendiendo nuevos caminos. Allí no faltó el que se demoraba en pagar y...

… los que en las reuniones de condominio solían pelear. Estaba la chismosa que miraba por la ventana y que sabía los cuentos de todos los que allí entraban. No faltaban los niños tremendos con sus travesuras, jugando por el ascensor y haciendo sus locuras.


Aquel edificio guardará recuerdos bonitos para siempre, de tantas cosas vividas, de toda aquella gente. 


Lili.





Un corazón para Angélica




   Cuando has padecido del corazón sabes que debes cuidar no sólo de tu comida, sino también de tus relaciones personales y aprender mucho más de tus emociones. En mi proceso personal conocí a Angélica, a ella le gustaba mucho leer y al verme con un libro en la sala de espera, me preguntó qué leía. Allí empezó nuestra amistad. Angélica fue huérfana desde los 6 años, criada por sus tíos con mucho sacrificio, pero había logrado empezar su 5to año. Había llegado a un punto delicado de su enfermedad. 

   Un día me dijo que había preparado su corazón para irse con Dios, ya no quería seguir luchando pues sus tíos habían padecido mucho con ella y su enfermedad.

    Así que oramos por un milagro. Pasaron tres días quizás, yo estaba tomándome un jugo antes de entrar a ver a Angélica.
Estaba con dos amigos de mi infancia en ese momento, Ricardo me dice:

- ¡Perro chama!, están bajando a unos chamos que vienen heridos de un choque, se me revolvió el estómago. No veré a Angélica, siento que vomitaré.

   Nuestro otro amigo me da la guitarra y me dice: voy a ver.  Yo no quería ver a los heridos. Me senté y sólo dije dentro de mí: Padre, ayuda a esas personas que llegaron mal. Al rato vi pasar a una muchacha con una ropa que me encantó, pero se veía enferma, pálida, estaba buscando algo, le dije:

- ¿Buscas un lugar?.

- Si, la salida.

- Ah, está en el sentido contrario...Por cierto, me gusta tu suéter.

- Gracias. Me lo tejió mi mamá.

   Dijo adiós y siguió. Vi que ya era la hora de ver a Angélica y subí. Hablamos, reímos, oramos, le llevé un libro nuevo y me despedí. Poco a poco se apagaba, la notaba peor.

   Al bajar estaban los muchachos con un señor, no quería interrumpir. Luego supe que era uno de los padres de los jóvenes del accidente.

   Al día siguiente Ricardo y yo decidimos llevarle una canción que le habíamos hecho a Angélica, por su cumpleaños. Y afuera vio al señor de la otra vez. Nos acercamos para saludarlo y nos dijo que dos jóvenes se estaban recuperando, menos su hija. Y que le habían dicho que se preparara para la muerte de ella. Y empezó a llorar con gran amargura. Ricardo lo abrazó, luego llegó la esposa del señor y nos despedimos. 

   Al día siguiente la tía de Angélica nos llamó. Había un corazón para Angélica, fue como un regalo de cumpleaños. Nos alegramos mucho. La operación fue un éxito y su recuperación también lo fue.
Pasaron meses y Angélica pidió conocer el origen de los donantes. Pero no supo.

   Sin embargo Ricardo unió clavos sueltos y pensó que tal vez podría tratarse de la hija de aquel hombre con el que hablamos. Y como él hizo amistad con ellos se atrevió a llamar y preguntarles:

-...Yo sé que quizás puedo remover la herida que lleva, pero necesito preguntarle algo .

- Si, dígame Ricardo.

- Señor Andrés ¿Ustedes fueron donantes de órganos después que su hija murió?.

- Si. El corazón de mi hija debe estar en alguien en este momento.

- Es que creo que mi amiga Angélica tiene el corazón de su hija. Y ella quiere agradecer.

    Para resumir fuimos a visitar a estas personas, la muchacha había sido su única hija, el día que se fue sin permiso de su casa la madre le había advertido que no le gustaba ese grupo de amistades, pero ella desobedeció, escapándose a pasear cuando la pasaron recogiendo. Nos mostró su cuarto y casi me desmayo cuando vi una ropa tendida en su cama, yo no quitaba la mirada de la ropa, la señora me dijo:

- Ése era su suéter favorito, yo se lo tejí.

   Tragué saliva, no dije nada. Angélica se hizo muy amiga de la señora, incluso llegó a aprender a ...tejer con ella. A veces pienso que además del corazón también recibió una familia que la aprecia mucho, pero también es de reflexionar que cuando los padres te dicen algo, debes escuchar, porque en la desobediencia hay dolor e incluso muerte. 

Fin. 

Liliana Lizcano. 

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lunes, 23 de septiembre de 2019

Tus 7 añitos, ¡Feliz cumpleaños David!



   ¡Feliz cumpleaños! Hoy cumple añitos mi hijo mayor. Un día como hoy celebro la enorme bendición de ser su madre, de disfrutar de ese cariño que lo caracteriza, su amor por todos...

Por tu hermano...


Tu amor por los animales...


Tu amor por tu país por el que oras, y tu respeto por el que te abrió las puertas...


Tú me das mucho valor, para poder ver la vida con ilusión, estoy agradecida con Dios por el privilegio de ser tu mamá, Dios te bendiga hoy y siempre.








Los Panchitos

    Pancho y Pancha son dos abuelitos que trato desde hace pocos meses. Pancha cría pollos, y Panchito era pescador, ahora son sus hijos los que pescan y él arregla el pescado.

   Hace varios días atrás nos invitaron a comer en la casa de ellos, fui con mis niños y al llegar estaba esperando toda una familia, nos sentamos y nos sirvieron.

   No pasó mucho tiempo cuando Panchita dijo:

- Deberías contar una historia.

   Yo estaba súper 'cortada' (tímida), y Pancho dice:

- No te hagas de rogar como el perrito, el Vigilante. Cuenta el de la otra vez cuando estábamos en clase.

   Yo veía a sus hijos y nueras serios esperando a ver.
¿Qué iba yo a contar? No estaba en confianza. Empecé a responderles sus preguntas e inquietudes sobre Venezuela. 

   Me preguntaron qué opinaba sobre el presidente de acá y lo arremedé sin querer y empezaron a reír.  El abuelo reía y reía y tanto fue la risotada que se le salieron los dientes, cayendo su plancha en la mesa. Mi hijo menor gritó:

- ¡Mira con todo eso el hada de los dientes te hará millonario!.
Ahora la familia tendrá una nueva anécdota para bromear con los abuelos.

Fin.

Liliana Lizcano.

domingo, 22 de septiembre de 2019

Los Ositos y el hilo rojo (última parte)

   Ayer sábado en la noche los maracuchos "Ositos", llegaron a la casa de Abigail, nos debían de terminar de contar la historia del hilo rojo, Osita haría patacones y así continuó Osito narrando la historia del inicio de la unión de ambos.

- Mira Lilita, luego que le conté a Osita todo lo del Ramiro y la Alejandra, la visité, se puso a llorar y me abrazó, ella había llamado aquel día a la zángana de la Ale, y le dijo que ya sabía todo. Que la amistad había terminado, pero Alejandra no se quedaría así, fue a la casa de Osita, yo estaba casualmente ahí, pero entré a uno de los cuartos y le dije a Osita que hablara con la Ale tranquilamente a ver qué le iba a decir. Y así fue, Osita le abrió la puerta y la zángana pasó diciendo:

- ¡No podéis creer a cualquier cosa que te diga ese tipo!.

- ¿Ese tipo?, ¿Ustedes no son novios?.

- ¡Yo lo dejé!, ese mardito es un mentiroso, vos sois mi amiga, ¿cómo vos le crees más a él que a mí?, yo ni conozco a Ramiro. 

- Ve Lilita y Abigail, Osita le preguntó: "¿Tú terminaste con él?". "Si", Le respondió ella. En ese momento, se me prendió el bombillo, e hice algo que quizás me pasé un poquito, pero Ale tenía que saber lo que Osita sintió cuando ella la traicionó, yo me quité la camisa me mojé un poco el pecho y la cara, me bajé el cierre del pantalón y grité: Mi amoooooor ¿qué pasó? ¡Vení que me dejaste encendido!. Mi alma, la Ale corrió al cuarto cuando escuchó mi voz y empezó con un escándalo a lo que yo le dije: Vos pudistéis quitarle a Ramiro ¿por qué ella no podía hacerte lo mismo a vos?. Esa mujer empezó a preguntar cuánto tiempo teníamos juntos, que estaba indignada, y Osita casi que soltaba la risa pero menos mal me siguió la corriente, yo muy serio agarré la camisa y empecé a acomodarme le seguía diciendo: 

- Tan bueno que estábamos y tenías que llegar vos a darñarnos el momento.  

La Ale se voltea y le dice a Osita: 

- ¡Mala amiga! ¿Cómo pudiste?.

Osita le respondió:

- Me dejé llevar, él fue muy especial conmigo desde que lo conocimos y es muy sensual.

Yo todavía con mi cara de sobrao dije:

- Vos sabéis que yo tengo lo mío.

Y ella molesta dijo:

- Rául, ¿es en serio?, ¿me dejaste por esta piche gorda?, ¿por eso pusiste la excusa de Ramiro para dejarme y cortarme?.

Yo agarré a Osita de la mano y le dije:

- Ale, ella tiene algo que vos no tenéis.

- ¿QUÉ COSA?.

- Unos hilitos rojos que me vuelven loco.

- Bueno y la muergana de Osita los llevaba justamente puestos, y le dijo: "Mirá son éstos" y la gordita se bajo los pantalones, mi alma, a mí casi me iba dando algo cuando la vi pero más le iba dando a la Ale que gritó:

- ¡Idiotas!, pues si estúpida, yo fui la que te quité a Ramiro, siempre me has parecido una tonta, y sólo te trataba por lástima.

  Y salió tirando fuertemente la puerta. Cuando se fue Osita y yo chocamos esos cinco, nos reímos mucho y me dio las gracias. Yo le dije: No volváis a hacer lo de ese hilo rojo, porque puedo perder la cabeza por vos.  Ella toda tímida dijo: "¡Qué pena con vos!, pero tenía que hacer esto creíble". Y así se afianzó nuestra amistad, primero fuimos buenos amigos, un día yo estaba cantando una canción, bueno Lilita, la canción que siempre llego cantando cuando voy a comprar empanadas, esa canción era de unas comiquitas de unos ositos, se llamaban los Ositos Gummi, ustedes seguro no saben porque las dos seguro estaban aún en las bolas de sus papás, y cuando estaba cantando como mente pollo mi vieja canción de la infancia ella continuó la letra, se la sabía, la cantamos juntos y nos quedamos mirando y allí fue nuestro primer beso.  Yo siempre supe que Osita era especial y única, terminó de amarrarme por completo a punta de patacones, yo dije esta mujer tiene todo lo que yo quiero en una mujer y no la dejé ir, le pedí matrimonio, y hoy día soy un OSO: ¡Osito Sometió Oficialmente!.

  Y así fue como estos dos maracuchos tuvieron su historia de amor, con un famoso "hilo rojo" de leyenda, pero a lo venezolano.

Fin.


Liliana Lizcano.
 

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