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Sólo quiero compartir un pedacito de mi corazón con todos ustedes a través de lo que escribo y las reflexiones que a veces tenemos en la vida con las experiencias vividas. (Los escritos aquí publicados; poemas, cuentos y reflexiones de mi autoría, están registrados en los Derechos de Autor en Venezuela).



martes, 13 de marzo de 2012

La caja de colores


La caja de colores

   Félix era un hombre apuesto, con ese sexapil que muchas mujeres desean encontrar en un hombre, atento, caballeroso, un buen partido para cualquier mujer, pero nadie sabía cuán inestable era él.  Siempre contaba la misma historia, que su mujer le había sido infiel, que quería reconciliarse con ella pero ella había sido mala mujer y todo el bla bla bla que un hombre con el orgullo pisoteado pudiera hablar de una mujer.

   Conquistar era algo sencillo para él, con su mirada de radar localizaba a su víctima la cual debía ser atractiva, había tenido a muchas mujeres, pero siempre habla de su ex Elisa, era el gancho que utilizaba para despertar el sentido maternal de las mujeres, ese: “pobresito, ¿cómo una mujer pudo haber dejado a un hombre tan bueno como él?, yo si voy a demostrarle amor y a conquistarlo para mí” era el pan diario de cada conquista.  Hasta que conoció a Lisandra, una joven cuyo sueño es el de cualquier joven, casarse con su vestido de blanco y aunque tenía sueños rosa, Lisandra no era ninguna tonta.  Ella se convirtió en la obsesión de Félix, quien la llamaba a su teléfono celular todos los días y a cada momento, fingiendo ser primero un amigo, hasta que poco a poco Lisandra comenzó a interesarse en Félix, tanto, que se enamoró perdidamente de él.

   Félix en sus cuentos de nunca acabar le pedía tiempo a Lisandra, un tiempo para ver qué hacía con su vida, pues ahora si había encontrado a una mujer que le hacía competencia a Elisa, Félix sentía algo por Lisandra, pero por su orgullo de hombre no dejaría ir a Elisa tan fácilmente, pero tampoco sabía que decirle a Lisandra.

   Félix le había contado que siempre había querido tener un hijo con Elisa, pero que ésta se negaba a dárselo porque primeramente era su carrera profesional. Que su vida estaba tan gris, sin color, que era desdichado porque soñaba con una familia y no la tenía. A Lisandra le parecía tan hermoso soñarlo siendo padre que por momentos se imaginaba siendo la madre de ese niño que tanto anhelaba.

   Llegó el cumpleaños de Félix y Lisandra le preparó varios regalos, detalles tontos quizás, pero quería que él se sintiera amado en su cumpleaños, pidió permiso en su trabajo para salir a pasear con él.  Cuando Félix abrió uno de los regalos se extrañó de ver una caja de colores, y ella le explicó que eran para colorear su mundo gris, y que algún día los utilizaría con ese hijo que tanto soñaba, ella por ser romántica, soñadora y tierna quiso darle esperanza pero Félix lo tomó por otro lado, pensó que ya Lisandra se le estaba insinuando para estar con él en la cama, “Si me está insinuando lo del hijo es porque quiere dármelo” pensó Félix. y si bien es cierto que Lisandra lo amaba y también lo deseaba, era también cierto que nunca había estado con hombre alguno, y que no lo estaría a menos que estuviera casada pues no quería ser una madre soltera como lo había sido su madre, ella mejor que nadie había sabido que era crecer sin un padre.

   Pasaron los días y Félix quiso proponerle a Lisandra a estar juntos, pero sólo de momento, no juntos en términos como Lisandra lo soñaba, a lo cual ella se negó pero no le explicó por qué, ella entendió en ese momento quién era realmente Félix y para qué la estaba buscando, él pensando que ella se había negado por despreciarlo, no la volvió a buscar, y Lisandra siguió su vida, muy triste pues lo amaba, aunque fue la mejor decisión que ella pudo tomar al seguir su camino, afortunadamente para bien.

   El resto de la historia quedó en puntos suspensivos, con el nacimiento de la hija de Elisa y Félix, quienes se reconciliaron, más por motivos de procreación que por motivos de amor, pero maquillaron bien su unión con una hermosa bebé, quien sería para Félix la mayor de sus alegrías, con la cual si llegó a utilizar aquella caja de colores que Lisandra le había regalado una vez, lo que él ignoraba es que también a futuro, esa pequeña, sería la mayor de sus tristezas, pues sería su hija quien le sacaría cada lágrima que una vez lloraron las mujeres a las cuales dejó roto el corazón.

                                                  Autora:  Liliana Lizcano.

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