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domingo, 31 de mayo de 2020

Chicha andina

  Había una vez una bebida llamada Chicha, vivía en San Cristóbal, con su mamá, doña Canela y su papá, que era un kilo de arroz, Don arroz crío a Chicha con buenos principios, amaron mucho a su vasito de Chicha, la pequeña hacía a todos sonreír, aunque no faltaba el que arrugara la cara al verla, porque nadie es monedita de oro para agradarle a todo el mundo, de monedita de oro hablaremos en otro cuento.  Bueno como les iba diciendo, Chicha era una bebida que endulzaba a la gente, pronto se hizo amiga de otra niña, tenía mala fama esa bebida, un día Cocuy invitó a Chicha a salir:

- ¡Chicha vamos a dar una vuelta!

- No puedo, debo hacer mi tarea de bebidas típicas del Táchira.

- Ven, que yo te voy a mostrar un lugar donde puedes investigar.

   Su amiga Agüita que estaba con Chicha haciendo la tarea, le dijo:

- No vayas, Cocuy tiene mala fama en el pueblo.

- ¿Y sí vamos un ratico? Vamos Agüita, nos cuidaremos la una a la otra.

- Está bien, pero recuerda que debo regresar a mi casa temprano.

   Y es que agüita era una bebida a la que todos amaban, se la pasaba regando las plantas, dando de beber a los animalitos de la calle, limpiaba, en fin, Agüita era muy amada por ser tan diligente, aunque también era criticada por ser tan "simplona".

   Así Cocuy llevó a Chicha y a Agüita a un bar.  Ya van a ver qué pasó, entraron y Cocuy les presentó a Cerveza, ella ya estaba lista para deslizarse en el escenario en un tubo, todos enloquecían por ella, Cerveza les dijo:

- ¡Este no es ambiente para estas niñas!, Tú si puedes estar, Cocuy.

   Cocuy le pidió a Cerveza que dejara a estas tiernas bebidas estar un rato.  Y Cerveza contestó:

- Bueno, pero mucho cuidadito porque no quiero tener problemas con doña Canela y don Arroz.

   No había terminado de hablar cuando llegó la amiga de Cocuy: Tequila, una bebida chaparrita pero peligrosa.  Todos se volvían locos por ella y ella a muchos les rompía el corazón.  Tequila era muy inestable en el amor, andaba con un novio, Limón, pero éste cuando vio a Agüita quedó prendido de amor, disimuló porque estaba Tequila.

   También se acercó a saludar Ron, un tipo ya mayor que le gustaban más jóvenes que él.  Vio a Chicha y enseguida quiso hacerla suya.  Ron se presentó con Chicha y ella se sintió atraída con tantas palabras de caballero.  Se fueron a bailar y entre beso y beso con Ron, se emborrachó.

   Mientras que Agüita y Limón estaban charlando.  Limón le contó que venía de una familia bonita, su papá, un árbol de Limón, le enseñó la importancia de vivir a plenitud.

- Si tu familia te enseñó eso, ¿Qué haces con Tequila?, ella tiene fama de romper corazones.

   Él se sintió avergonzado y respondió:

- No lo sé.  Siempre he soñado con casarme con una bebida que me permita brindarle al mundo algo refrescante, pues sólo soy amargo pero con una dama como tú todo sería distinto.

  Y así, le robó un beso.  Bueno, ese fue el inicio de la limonada.

   En eso interrumpe el mesonero que era una botella de vino y le dice que su amiga Chicha estaba en el baño vomitando. 

   Agüita al entrar al baño encontró todo vuelto una "chicha" toda Chicha estaba regada en el suelo y a duras penas podía volver a ponerse en pie, ya cuando el vaso estaba de pie, Agüita decidió llevársela de allí.

- ¿Qué has hecho?

- Amo a Ron, es el hombre de mi vida.

- Mejor volvamos a tu casa.

   Pasaron los meses y Chicha llamaba a Ron, pero él no le respondía sus llamadas y la dejaba en visto, hasta que lo vio pasar con una copa, a ésa la llamaban Margarita, la cual siempre se paseaba con una sombrillita e iba pelando el diente, cuando Chicha los vio, rompió a llorar, derramando toda su canela por los ojos.  Se armó de valor y le dijo a Ron que esperaba un bebé, Ron le dijo que ese hijo podría ser de cualquiera, que fue sólo una noche.

   Chicha no tuvo más remedio que confesar a sus padre lo que sucedía y Don Arroz se enojó mucho, la llamó hasta ramera, le dijo que había pisoteado el honor de la familia y la echó de la casa, pero la madre de Chicha, doña Canela, le dio la maleta con sus cosas diciéndole:

- Tranquila hija, ve con tu padre.

- Pero ¡me acaba de echar de la casa!

- ¡Tu verdadero padre es Kilo de pasta!

   Eso marcó y lastimó a Chicha mucho, porque ella siempre había pensado que era chicha de arroz como todas las demás chichas, jamás imaginó que su madre le fuera infiel al papá-  Entonces se fue a buscar a su verdadero papá, que la recibió, pues siempre vivó amando a la canela.  Llegó el tiempo en que Chicha dio a luz, y el bebé salió medio extraño, don Pasta la ayudó con el parto pues como estaban en cuarentena no podía ir al hospital. Vio a su nietico, el bebé nació con la nariz y colita de un cerdito, Chicha con ternura lo tomó en sus brazos y lo llamó: Chicharrón.

Fin.  

jajajajajajaja no me golpeen, es sólo un cuento jajajajajaaja los quiero mucho. ¡Feliz domingo! que nadie me les apague la sonrisa, Lili. 

 


miércoles, 30 de octubre de 2019

El Raca-raca

   Ayer las cuatro amigas de Ana volverían a visitarla, ella me había pedido que hiciera algun postre para brindarles.  Yo estaba ocupada haciendo varias cosas y dejando también arregladita la cocina, primero llegaron las de 80 y la de 84.  Noté que traían ambas un cuadernito.  Las hice pasar, y les dije que Ana estaba bañándose, al rato llegaron las otras dos, la de 70 y la de 78.

   Salió Ana, arregladita y perfumadita ya a saludar y a hablar con sus amigas:

-  Les cuento que Lili publicó un cuento de nosotras.

   Yo enseguida pelé los ojos.

- ¿Y de qué trata el cuento?. 

- Pues de lo importante del placer sexual en la tercera edad, ¿han de creer que hubo una que se alarmó?, decía que Lili no tenía ética, que era una vergüenza, que sí su abuelita hablara de esas cosas le daría mucha pena, que nosotras las viejitas no podemos hablar de intimidad. 

- Yo creo que deberían hablarnos más a las mujeres de estas cosas, por cierto trajimos los cuadernos, como nos dijiste.  

 Al ratico Ana pega un grito: 

- ¡Liliiiiiiii!, ¡Venga por favooooor!.  

   Yo voy a la sala. Y las muchachochas me preguntan: 

- En el cuento va colocar nuestros nombres, por favor.  

Pero la de 84 dijo: 

- Mi nombre no lo escribas, porque sabrán que soy yo si mis hijos leen eso, mi nombre no es nada común. A mí me colocas de apodo "Gozona".  (Y empezó a reírse de tal manera que se tuvo que acomodar la plancha, los dientes postizos pues).  

- Bueno, estaré en la cocina terminando unas cosas. 

- Si, vaya, no puede estar acá porque este tipo de conversaciones son para gente muy adulta y usted es una niñita.  

Los nombres entonces de las Muchachochas son: 

Soraida de 70.
Ana de 75.  
Carmen de 78. 
Rebeca de 80. 
Gozona de 84.   

- Bueno, ya yo salí de la tarea de la mamadita (Dijo Gozona). 

- ¡Yo también! (Dijo Soraida). 

- ¿Y ustedes Carmen y Rebeca? (Pregunta Ana). 

- Bueno yo estoy en huelga, le dije, si no mama, yo no mamo. (Dijo Carmen). 

- Me parece muy justo, (responde Ana), porque tu esposo debe dar también placer. Y ¿qué me dices tú Rebeca?. 

- Bueno mi esposo me dijo que si yo estaba loca o qué, que ya él estaba muy viejo para esas cosas. (Dijo Rebeca mientras tomaba café y pidió azúcar).  

   Voy yo a llevarles más azúcar y algunos dulces para que mojen con su café. Gozona rompe el silencio: 

- Para mí es que tú no te afeitas ahí abajo, y tienes que ponerte unos calzones donde se te vea todo el poto. 

- ¡Ave María Purísima!. Creo que eso es ya pecado. (Dijo Rebeca con indignación).  

    Todas hicieron silencio y Soraida dijo: 

- ¡Pues yo uso unos pequeñitos!...y se me ve el poto.

- ¿No te molesta eso en el culo?. (Pregunta Rebeca). 

- Bueno si, pero es que los vas a usar para esos momentos. (Le responde y levanta su dedito índice para explicar) Tu esposo necesita ayuda visual, tal vez tanto césped lo desmotiva, Rebeca, intenta afeitarte y se la muestras así. 

- ¿Y si me corto?. 

- ¡Tienes cuidado!, yo uso un espejo que pongo enfrente y me espernanco bien, si yo pude tú también, no te puedes morir sin tu mamadita, Rebeca. (Explicó Gozona). 

- Creo que debemos confesarnos con el padrecito, por culpa de estas conversaciones y estas cosas tendremos que rezar mucho, yo a todos mis hijos los hice con la luz apagada y abajo. (Dijo Rebeca, desanimada) 

- ¿Entonces cómo vas a aprender el Raca raca?. Por cierto, antes del raca raca, tienen que aprender a hacer el helicóptero. (Dijo Ana)  

    Ya en este punto de la conversación estaba yo lavando trastes que Ana tenía en la cocina, no era mi deber, pero no puedo ver trastes sucios y ella seguía inspirada hablando:  

- Para hacer el raca raca, deben aprender primero a hacer el helicóptero, ya les muestro como es, tienen que tener una mesa así como de esta altura y se abren así, luego cuando colocan a sus esposos, ven para acá Carmen, para mostrarles cómo deben hacer.  

   Yo quería lavarme las manos e ir a ver qué carrizos estaban haciendo para ver el asunto de la mesa y cómo iban a ilustrar aquello, porque yo ni sé que es el helicóptero, ni el raca raca. Pero tampoco quería quitarles la inspiración de sentirse en confianza, no sé y seguí escuchando y lavando las ollas.  

- Bueno, lo paran así al frente, las piernas deben ir así. 

- ¡Pero qué elasticidad Ana!. (Dijo Rebeca) 

- Yo hago esa vaina y me quiebro dos costillas. (Dijo Carmen) 

- ¡No!, cuando yo lo hice me dio un calambre que le dije a José: ¡para ya, para ya, que la pata se me entumeció!.  Y al principio pues si, pero es que están oxidadas, yo también, tienen que hacer estos ejercicios.  

   Y me alcé en las punticas de los pies para asomarme por arriba de la ventanita y ver qué estaba haciendo Ana, y allí estaba ella, doblándose y haciendo prácticamente ejercicios de estiramiento, como si fuera a hacer una rutina de un Gym.  

- Así que una vez que ya calentaron, se suben así a la mesa y espernancan bien, te doblas para un lado y luego para el otro, apoyando de esta manera la rodilla, y haces como si la pierna es una parabrisas, es la hélice del helicóptero, pero suave, muy suave. 

   Para ese momento yo estaba con mis ojos pulluos de semejante explicación y las demás calladas, supongo que prestando atención. 

- Ahora vamos con el Raca, raca. 

    Escucho que aplauden todas.  Me asomo y estaban anotando en cuadernitos que cada una tenía. Y yo pregunté: 

- ¿Qué anotan?. 

- Pues todo, llega una a la edad en la que las cosas se olvidan y lo importante hay que anotarlo.  (Me respondió Gozona)

- ¡Tú ya debes saber que es raca-raca!, porque es algo venezolano. (Dijo Carmen con picardía)

   Yo no sabía qué contestar, pero para no dañar la buena fama que estamos teniendo con lo que Ana dice, pues le respondí: 

- Nunca lo he intentado, es un nivel muy avanzado de nuestra cultura milenaria en sexo. 

   Y me sequé las manos y me metí en la cocina, qué va, luego iban a estarme preguntando cosas.  Resulta ser que veía a Ana mostrando lo que es el raca raca de lejos, y era una mezcla de una postura de yoga en cunclillas donde el hombre queda acostado agarrando a la mujer por la cintura, y ella de espaldas pero en esa posición de yoga y Ana dice: 

- Cuando sus esposos ya las tengan así, la cintura va a ser el volante, y la palanca de frenos ya saben dónde queda, ustedes hacen que pierdan los frenos así con este raca raca que entre los dos van a hacer, usted para abajo y el para arriba y luego a los lados. 

- Eso es complicado (dijo Soraida). 

- No, ya a la tercera vez no duelen los huesos, que los debes tener oxidados. (Responde regañándola Ana) 

- Pues creo que yo lo podría hacer, pero mi esposo no creo que se anime, un hueso roto a los 85 no se remienda fácilmente.  

- Entonces te sale que te haga el duerme feliz, allí él no hace nada pero tú si, y fortaleces las piernas. 

- ¡Eso me interesa porque a veces me duelen las rodillas!. 

   Rebeca seguía callada viendo todo y Soraida dice: 

- Rebeca, debes afeitarte y pedir, ya luego vas y te confiesas jajajajajaja. 

- ¡Pecadoras! (Dijo riendo), si, yo lo tengo que conseguir, voy a ver si lo logro esta semana.

Fin.

Cuentos entre amigas

Cuentos entre amigas

   La señora Ana, peruana de 75 años, volvió a conocer el amor. Recuerdo que sus amigas la criticaron mucho, pues él, José, es un venezolano de 73 años, ambos viudos. Él siempre la saludaba pero ella tan tímida no le respondía los buenos días. Conocí a Ana en la escuela de mi hijo. Y me buscó conversación y allí inicio la amistad. Así que José sorprendió a todos siendo un hombre atento con ella, sobre todo en la etapa de su enfermedad en la que ha estado fiel dando su apoyo.

   Sus amigas que antes la criticaban comenzaron a ver que ella era feliz, que a pesar de las dificultades, estaba rodeada de amor.

   Así que empezaron a visitarla de nuevo. Aquel día en la tarde yo estaba en la cocina, preparando sus vegetales. Y las señoras amigas de 70, 78, 80 y 84 estaban en la sala. Ana salió para atenderlas y allí empezó el interrogatorio.

- Ana, ¿Cómo te sientes?.

- Bien, muy bien.

- ¿Cómo te va con el venezolano?.

- ¡Ay eso es una maravilla de hombre!.

- Tú estás loca para involucrarte tan rápido con ese hombre que viene de tan lejos.

- ¡Ay no vengan con sermones! José es lo mejor que me ha pasado. Yo en todos los años de casada no sabía que era hacer el amor. Siempre con la luz apagada y abajo. ¡Pero este hombre me ha hecho unas cosas!.

- ¡Santa María purísima!. ¡Ana!.

- Yo ya no soy purísima. Mira ese hombre me dijo: prenda la luz que quiero verla en todo su esplendor. Yo avergonzada y ya arrugada me daba pena era como volver a hacer el amor por primera vez. Y bueno me dijo: haga un puente que la locomotora va a pasar por debajo. Ese hombre empezó a...

- ¿A queeeeeé?.

- A chuparme, a mí jamás me había hecho eso mi difunto esposo, él si me ponía a mamar pero nunca me mamó.

   En ese instante hubo un silencio, yo estaba cocinando y casi me corto un dedo escuchando a esas viejitas. Y siguieron:

- A mí tampoco me la han chupado.

- Ni a mí.

- Ana, ¿Y qué se siente?.

- Bueno una siente que se desmaya, a mí me temblaba todo.

Una de ellas dijo:

- Voy a pedirle a mi marido que me mame, yo quiero saber qué se siente también.

  Bueno pasaron los días y vuelven esas viejitas y Ana le pregunta a una:

- ¿Le pediste a Rodolfo que te diera la chupadita?.

- Él no quería al principio, que tú eras una mala influencia pero yo exigí que quería saber qué era eso o me buscaba un venezolano también.

Todas empezaron a reír.

- ¿Y accedió?.

- Si, no puedo creer que me iba a morir sin que mi esposo me diera ese placer.

Otra dijo:

- Yo como que también me estoy animando a pedir la mamadita.

Y la Ana:

- Pídale para que usted vea. Luego le piden que les haga el raca raca.

- ¿El raca raca?.

- Si. Pero primero salga de lo de la mamadita y ya después les cuento que es la raca raca del venezolano.

   Y así terminó aquella charla de esas amigas que reían siendo cómplices.

Fin.

Lili.

viernes, 25 de octubre de 2019

Micaela vuelve a casa

  Micaela era una chivita que había ayudado a mi abuela con su leche cuando mi tío Abelino estuvo enfermo y no recibía ningún tipo de leche además que estaba flaquito y todo lo vomitaba siendo muy bebé.  La chivita con sus dos hijitos chivitos vivían en la casa, Micaela era muy decentica, sus hijitos si eran unos chivos locos, ¡Qué locos esos bichos!, muy tremendos cuenta mi mamá y mi abuela.  Un día una vecina habló con mi abuela, pues estaba interesada en Micaela por su leche, mi abuelita no quería que Micaela se fuera, así que le dijo que no, pero la vecina insistía tanto que le ofreció una buena suma de dinero, y así Micaela salió de la casa amarradita con sus dos hijitos. Mi abuelita lloró, porque la amaba, había sido muy fiel en su producción de leche y era cariñosa, pero estaban en una situación económica difícil, aceptando el dinero entregó a los tres animalitos.

   Pero al día siguiente mi abuela escuchó un balido o bramido:

- Meeeeee, meeeeeeee, meeeee.

   Mi abuela dejó a un lado los platos. Corrió a la puerta y allí estaba Micaela con la cabuya suelta en el cuello, había llegado hasta la casa.  Mi abuela estaba asombrada, se quitó el delantal y fue a la casa de la vecina con la chivita, y le llevó el dinero:

- Debo deshacer el trato con usted, el animalito regresó a mí, yo no tengo corazón para tenerla lejos de mí y ella también me quiere, ya lo ve.

   A la vecina no le gustó la idea, pero recibiendo el dinero, le dio también a los dos hijos de Micaela, regresando así los 4 a la casa, mi mamá cuenta que ella no estaba contenta porque los dos chivitos de Micaela le hacían maldades a ella, y mi madre era pastora de esos dos chivitos, y eran super tremendos jajajajaja, bueno esa es otra historia de la nodriza Micaela, si quiere leer más de ella, acá está su historia en este blog: "La nodriza Micaela".

Fin.

Lili.

jueves, 24 de octubre de 2019

Otra vez se fue la luz

Otra vez se fue la luz

"¡Otra vez se fue la luz!" Dijo mi abuela, yo en seguida pegué la carrera para buscar los brazos de alguna de mis tías o tíos. Y veía a mi abuela con la vela acercándose a la sala tapándola un poco para que no se fuera a apagar.

   Empezaba el calvario para mí y la alegría para mis tíos y tías. Todos se sentaban y mi abuela con la vela.

En esa ocasión recuerdo que dijo:

- Hoy voy a hablarles de la Sayona o llorona.

- ¡Ay no mamá! Ése ya lo conocemos.
Dijo un tío

Yo interrumpí:
- Yo no me lo sé.

   Y pues mi abuela empezó a contar el cuento pero a su manera:
- Bueno, era una vieja que mató a los hijos, y a esa toche, Dios la castigó y no la recibieron ni en el infierno y se quedó penando por sus hijos, llorando por todos lados en la noche.

   Siguió hablando pero esta vez mi abuelita acercó la vela y puso una mueca fea y dramatizada:
- ¡Aaaaayyy mis hijooooos aaayyy!

   Yo más asustada que el Chavo en el capítulo de los espíritus chocarreros, me tapaba la cara y temblaba. Con cinco años eso era tortura, mucho susto.

   Ella seguía:
- Busca a los niños de todas las ciudades pensando que son sus hijos, busca y busca en cada casa a ver si los encuentra.

Mis tíos y tías me miraban a mí y yo decía:

- Pero ustedes me van a cuidar ¿Verdad?.

Mi tío Héctor contestó:
- ¡Claro mi chinita!.

   Bueno, qué cosa tan terrible, qué madre tan mala la Sayona o llorona ésa, pensaba yo.  Al tiempo el gato de mi infancia, Nerón, tuvo una novia, y se encontraban en el techo de la casa. Y la gata empezaba a pegar esos maullidos y yo me acordé de la llorona, me tapé con la sábana.

   Dije: "esta vieja piensa que yo soy su hija y vino a buscarme, está en el techo".

   Yo me pasé a la cama de mi abuela la segunda noche, otra vez escuchaba ese chillido feo y yo dije:
- ¡Abuela, la Sayona está en el techo!.

Mi abuela se rió.

   Pero como los amores de esos dos gatos continuó y yo me levantaba disparada del susto con los maullidos de la condenada gata, mi abuela me sacó afuera y me dijo:
- Mamita, no es la Sayona, es Nerón y la novia.

- ¿Y por qué llora así?.

- Porque ella también busca hijos, pero no los ha tenido aún.

  Entonces ya transcurrido el tiempo, cuando estaba en segundo grado de primaria, a mi maestra Eva se le ocurrió darnos esa leyenda en clase.

   Si, ya deben imaginarlo. Yo en mi escrito dibujé a la Sayona como una gata maullando pidiendo hijos.

Fin.

Lili.

Mazamorrero

Mazamorrero


   Una vez estando pequeña, mi amigo Ricardo llegó con su guitarra para practicar unas canciones. Nos sentamos en las escaleras del edificio a cantar. En eso bajó un amigo nuestro, Arturo. Con una cara de preocupación tremenda.

- ¿Qué te pasó, Arturo?.

Nos miró serio.

- Me oriné.
Dijo con preocupación.

Yo le dije:
- ¿Cuál es el problema? A todos nos ha pasado alguna vez orinarnos en la cama.

- Si, pero ya tengo once y no fue normal.

- ¿Por qué?. (Le pregunto Ricardo)

- Chamo, es que boté como mazamorra.

Ellos dos se miran pensativos y me ven a mí.

- A mí no me vean, yo no tengo pipí y no sé por qué bota mazamorra, las mujeres botan sangre, mira el lado positivo, no estás mal herido.

   Él se veía preocupado y Ricardo le dice:
- Pa' ve mazamorrero, quizás estás enfermo. Tú te volteas, y Lili, no veas.

Yo di la espalda y me tapé los ojos. Ricardo le dijo:

- Está normal. Deberías decirle a tu mamá.

- No chamo, yo lavé el interior.

  Y allí quedó la cosa. Seguimos en las escaleras cantando y hablando.

  En la noche le cuento a mi mamá todo esto y ella pela esos ojos asustada. Pero como conocía a mis amigos sabía bien que eran muchachos nobles, compinches de infancia pero yo curiosa le pregunté:

- ¿Cómo es un pipí, mamá?.

   Ella en vez de dibujarlo aunque sea como lo dibujan en los baños o hablarme claro, se puso nerviosa. Y contestó:

- Tiene puyas, es corrugado y asusta.

   Sé que ella no estaba preparada para mi pregunta, yo sin papá, ni hermanos pues era natural que en algún momento preguntara.

- Mucho cuidado, Lili.

   En ese momento yo no la entendía pero creí cada palabra que dijo. Me preocupé por mis amigos, y dije dentro de mí: "Menos mal soy niña, tengo totona y no puyas".

   Al día siguiente tuvimos clases de matemáticas, yo sólo veía el cierre del pantalón de mi profe Ángel mientras que explicaba. 

Él se percató y me llamó:
- ¿Por qué me mira así espantada?.

- ¡Ay profe!, mi mamá me dijo hoy lo de las puyas que ustedes tienen en el pipí. Y me preocupa Arturo que dice que está enfermo con mazamorrero.

   El profe Ángel soltó una risa y dijo:
- Hablaré con Evelio para que explique varias cosas en biología. 

   Llamó al profe Evelio y nos miraban riendo. Al día siguiente el profesor Evelio llevó unos muñecos de porcelana, varón y hembra y nos enseñó las partes del pene y la vagina.

   Arturo preguntó sobre la mazamorra y el profe explicó lo de la eyaculación en el hombre y los sueños húmedos.

  Sin embargo quedó como broma de humor cuando recordamos eso, llamarle: "Mazamorrero".

Fin.

Lili.

lunes, 21 de octubre de 2019

Se fue la luz

Se fue la luz

(Perdón por las palabras fuertes pero si no les cuento cómo fue, no van a entenderme)

  Cuando yo era niña y se iba la luz, todos se sentaban en la sala o nos íbamos al patio y mi abuela en el medio contaba historias. Pero a mí no me gustaban esos cuentos de terror. Me asustaban. Cuando gritaban: "¡Se fue la luz!" Sabía que vendrían los cuentos en los que todos reían pero yo me asustaba.

   Y se reían mucho con una historia de un muerto y yo en mi inocencia de cinco años suplicaba que no contaran ese cuento.
El muerto no tenía cabeza y yo pregunté:

- ¿Y qué le pasó?.

Mi abuela sonriente dijo:

- Es que ese muerto tenía en vez de cabeza un culo y fumaba pipa.
Se podrán imaginar el impacto de esa imagen (no se rían), bueno, entonces yo preguntaba más y todos se reían:

- Abuelita ¿Y cómo fumaba pipa sin boca?.

- Pues por la jeta del culo.

   Y mis tíos muertos de la risa, pero eso para mí era de terror. Y ella seguía:

- Cuando se tiraba un peo, la pipa soltaba más humo.

   Bueno eso eran risas y risas, pero a mí me daba tanto terror ese cuento que había un señor que fumaba pipa en el vecindario y yo cuando lo veía me aterraba y me escondía detrás de mi abuela o mis tías. Este señor un día me saludó y yo le respondí asustada:

- ¿Usted es el hijo del que fumaba pipa por el culo?.

   Ese señor me miró feo, y no respondió, yo en mi inocencia interpreté eso como que si era hijo del fantasma y pensé: "Descubrí tu secreto oculto, malvado".

Fin.

Lili.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Los Panchitos

    Pancho y Pancha son dos abuelitos que trato desde hace pocos meses. Pancha cría pollos, y Panchito era pescador, ahora son sus hijos los que pescan y él arregla el pescado.

   Hace varios días atrás nos invitaron a comer en la casa de ellos, fui con mis niños y al llegar estaba esperando toda una familia, nos sentamos y nos sirvieron.

   No pasó mucho tiempo cuando Panchita dijo:

- Deberías contar una historia.

   Yo estaba súper 'cortada' (tímida), y Pancho dice:

- No te hagas de rogar como el perrito, el Vigilante. Cuenta el de la otra vez cuando estábamos en clase.

   Yo veía a sus hijos y nueras serios esperando a ver.
¿Qué iba yo a contar? No estaba en confianza. Empecé a responderles sus preguntas e inquietudes sobre Venezuela. 

   Me preguntaron qué opinaba sobre el presidente de acá y lo arremedé sin querer y empezaron a reír.  El abuelo reía y reía y tanto fue la risotada que se le salieron los dientes, cayendo su plancha en la mesa. Mi hijo menor gritó:

- ¡Mira con todo eso el hada de los dientes te hará millonario!.
Ahora la familia tendrá una nueva anécdota para bromear con los abuelos.

Fin.

Liliana Lizcano.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Avergonzada

  Estábamos esperando en la fila para pagar, el negocio era de chinos, habían quizás unas 20 o más personas detrás de mí. Adelante estaba una señora con su pequeña. 

La madre le decía:

- ¡Quédate quieta!. Dijo. Murmurando algo al oído de la nena. Ya se acercaba poco a poco su turno y yo la notaba nerviosa. Mirando a cada rato hacia atrás. Yo le sonreí normal. Ella quitó la mirada, se limpiaba las manos, tal vez porque las tenía con mucho sudor aunque la temperatura no causara calor. 

Entonces el chino dijo:
- Siguiente pol esta caja.

  Pasa la señora con la niña pequeña, trata de acercarse lo más que puede al chino, diciéndole algo y el chino le dice serio:

- No la escucho señola.

   La señora vuelve a apoyarse en puntillas para volver a decirle más cerca. El chino escucha con atención lo que la señora le dijo brevemente asintiendo con su cabeza y levantando su mano derecha le gritó a un trabajador que estaba atrás. 

- MILAAA CHAAAMO, TLAEME UN SHAMPOO Y UN PEINE PALA PIOJOS... ¿algo más señola?.

Ella con cara de molestia respondió:

- ¡No! Más nada chino.  

Fin. 

 

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